La delgada línea entre el artista y la persona

Para algunos las noticias son volátiles. A otros les arruina una carrera. ¿Por qué?

El pasado mes de febrero escribí mi reseña de “Leaving Neverland”, un documental que mostraba los testimonios de dos chicos de los que Michael Jackson presuntamente abusó sexualmente cuando tan solo contaban con 10 años de edad. Esto provocó un movimiento por parte de servicios streaming, radios y redes sociales, vetando la reproducción y promoción de temas del cantante y dividiendo a la sociedad a favor o en contra del que fuera rey del pop. Desde ese momento, una pregunta merodea constantemente por mi cabeza: ¿dónde dibujamos la delgada línea entre el artista y la persona? 

Kanye West, Azealia Banks, Natalia Kills, Halsey, Lady Gaga, Justin Bieber o Donald Trump. Todos ellos tienen algo en común: no tienen miedo a mostrar las opiniones tan vehementes que caracterizan a su persona. Todos hemos visto a Kanye West odiar a Donald Trump, adorarlo, querer presentarse a las elecciones para la presidencia de Estados Unidos en 2020, volver a odiar a Trump, hacer comentarios homófobos, pecar de egocéntrico… Sin embargo, su popularidad sigue intacta. Siempre bajo la excusa “ya sabes cómo son los genios”, se puede incluso afirmar que la popularidad de West mejora por momentos, habiendo conseguido el pasado año su primer top 10 desde la publicación de “My Beautiful Dark Fantasy”. Con West las noticias dejan de ser noticia de manera casi inmediata. Todo es efímero para él y casi no deja rastro en su carrera.

Caso contrario para Azealia Banks, toda una maestra en la fusión del hip hop y la música house propia de los 90s, capaz de encadenar una dosis increíble de grandes temas respaldados por la crítica y conseguir estéticas maravillosas en videoclips a pesar de contar con bajos presupuestos en estos. Al igual que el integrante del clan Kardashian, cuenta con una lengua viperina y opiniones extremadamente polarizadas. Banks no duda en manifestarse como una mujer negra bisexual a la vez que viste de homofobia y racismo sus publicaciones en las redes sociales a las que a día de hoy aún tiene acceso. Ocurre lo mismo con West, aunque en menor escala. Donde sí destaca Banks es en sus peleas con niñas adolescentes como Skai Jackson, ganando esta última la batalla por goleada. Como consecuencia, Twitter ya ha eliminado la cuenta de la rapera en más de una ocasión.

¿Alguien más supo de Natalia Kills tras su altercado en The X Factor? La cantante quedó totalmente vetada tras su participación como jurado en el talent show y expresar su opinión hacia uno de los concursantes de manera un tanto brusca junto con su pareja. Sin embargo, ¿qué ocurrió con Halsey cuando criticó sin piedad a Iggy Azalea en una entrevista a pesar de que la pregunta no estuviese siquiera relacionada con la rapera australiana? Pues tras un par de días de #HalseyIsOverParty, la cantante lograba un año más tarde su primer #1 estadounidense como solista gracias a “Without Me” y todos los singles lanzados hasta la fecha han sido pinchados de manera masiva en radios estadounidenses. Hay algo raro en el asunto, ¿no?

La última polémica está protagonizada por Justin Bieber, muy asiduo en las lista de famosos más odiados por la población. Hace una semana publicaba en su cuenta de Instagram un diagrama en el que comparaba a Chris Brown, quien maltrató a Rihanna hace una década, con Michael Jackson, acusado por haber abusado sexualmente de una gran cantidad de niños menores de edad, y Tupac, condenado por agresión sexual. Si la ecuación que mostraba Bieber en su perfil se correspondía con el número de denuncias, no tenemos duda alguna con respecto a la veracidad de la imagen. Sin embargo, el canadiense comparaba el talento de ellos, llamaba genio a los tres cantantes y comentaba que los abusos cometidos por Brown se trataban de “un error”. Una agresión para Justin es un simple error. Una semana más tarde, aún con la polémica bastante viva en redes sociales tras los comentarios de apoyo de J Balvin, el canadiense publicaba “I Don’t Care” con Ed Sheeran y sus ventas son desorbitadas. ¿Tan rápido olvida la población? 

La lista podría ser larguísima, por lo que acabamos con un último ejemplo cinematográfico. Hablemos de Harvey Weinstein y dos de sus grandes pilares en Hollywood: Meryl Streep y Quentin Tarantino. El director, acusado de intento de asesinato por parte de la actriz Uma Thurman, afirmó conocer las prácticas que Weinstein llevaba realizando durante años mientras que Streep dijo no saber absolutamente nada. Estas dos posturas llevan a perdonar por completo a Tarantino (su cinta “Érase una vez en Hollywood” es de las más esperadas del año) mientras que cientos de posters de Meryl Streep junto con Harvey Weinstein empapelaban la ciudad de Los Ángeles -ella aparecía con una franja roja cubriéndole los ojos en la que se lee “she knew”-. En la otra cara de la moneda encontramos a Woody Allen, cuya última película no será distribuida en Estados Unidos tras las denuncias de abuso sexual. En el mundo del cine, al igual que en la música o la televisión, estas noticias son volátiles para unos y no para otros.

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Como se tiende a decir, cada maricón es un mundo, y es bastante difícil poder diferenciar la persona del artista. ¿Se puede establecer una línea entre la obra y el artista? Esta es una decisión tan sumamente personal como el efecto que ha podido tener en nosotros los actos o declaraciones realizados por estas celebrities. A nivel global, influyen muchísimos factores: desde la consolidación del artista hasta el machismo existente en la sociedad. La diferencia entre Quentin y Meryl es una prueba de ello, aunque ninguno ha salido perjudicado por ninguno de estos eventos.

Ariana Grande por chupar donuts en una pastelería y decir “I hate americans” -haciendo referencia a la cantidad de comida basura que se consume en su país-, fue altamente vetada en Estados Unidos (según los rumores, por la Casa Blanca). Mientras Grande pide disculpas por sus palabras -robadas de una cámara de seguridad-, el cantante de «Baby» se exculpa borrando la palabra “error” de su publicación -el post sigue en su cuenta con más de dos millones de likes-. En Estados Unidos, al parecer, se penaliza más la falta de patriotismo que los abusos sexuales. España no se queda atrás, y si no que le pregunten a la protagonista de «El Guardián Invisible».

¿Cómo puede un país anteponer un sentimiento de patriotismo por encima de denuncias de abusos sexuales?

Separar al artista de la persona es parecido a establecer límites en el humor: una decisión que debemos tomar personalmente. El problema es cuando se nos priva de ello. Para aclarar esta afirmación me remonto a ciertos eventos ocurridos recientemente en la televisión española. “La Resistencia”, uno de los late night de mayor relevancia, provocó polémica en el colectivo LGBTI+ debido a una sección en la que creaban a Lorca un perfil de Grindr (aplicación gay para encontrar pareja). Personalmente, no creo que el chiste fuese ofensivo sino que el entorno en el que se realizó no era el idóneo. Aún así, el vídeo está disponible en todas las plataformas. En el mismo programa, Iggy Rubín realizó un monólogo en el que hacía humor negro con respecto a las víctimas de ETA. El vídeo fue borrado tanto de Movistar+ como de YouTube. De manera poco ortodoxa podríamos comparar las víctimas totales de ETA (829 personas) con el número de homicidios entre 2008 y 2016 de personas trans a nivel global (2.343), pero no. El número no es relevante a la hora de trazar la línea. Entonces, ¿dónde trazas la línea? Honestamente, creo no se puede y no se debe. Cada persona debe trazar la suya propia y, teniendo en cuenta la enorme cantidad de oferta de contenido que tenemos a día de hoy, no se debería hacer recortes en ningún tipo de humor. Sin embargo, aquí el país dictó sentencia. 

Volviendo a la separación entre el artista y su obra, podría sacar como conclusión que todo está provocado por la empatía que nos produzca la persona. El vínculo que se siente hacia el cantante, director, intérprete o cómico. Cada uno debe crear su propia opinión al respecto, estableciendo ese límite donde la ética esté por encima de la obra del artista. También debemos ser consecuente con nuestros actos y entender que estas figuras públicas tienen un peso importante en cuanto a influencia generacional. Como si de unas elecciones se tratase, debemos elegir de manera congruente a quién queremos dar voz pues, quizás, hay gente que no deba tenerla.

Crítica: I Don’t Care – Ed Sheeran & Justin Bieber | Que no gane el heteropatriarcado, por favor

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2 estrellas

EdSheeran_coverCuando hace 10 días Justin Bieber anunciaba el lanzamiento de este «I Don’t Care» junto con Ed Sheeran, nos llevamos las manos a la cabeza. Si bien es cierto que la música de Bieber nos resulta agradable y, en cierto modo, innovadora -«Purpose» marca un antes y un después comercial en los sonidos de aire tropical a partir de 2015-, con Ed Sheeran siempre hemos tenido sentimientos encontrados. Aquella abominación llamada «Shape of You» nunca nos gustó -y nos resultó un robo a Sia tal y como comentamos en su momento– y acabó sonando en cualquier rincón de mundo: salías de fiesta en España y escuchabas la canción, te montabas en Uber en Finlandia y sonaba la canción, ibas de karaoke en Brasil y alguien berreaba la canción. Lo que viene siendo una pesadilla. La unión de, probablemente, los dos hombres más exitosos del momento en el mundo de la música nos vaticinaba un tema que sonaría en cualquier parte desde el día de su estreno hasta noviembre y en Los 40 a partir de diciembre. ¿Pero es «I Don’t Care» para tanto? Pues, lo peor, es que es un tema tan sumamente plano que ni resulta pegajoso en sus primeras escuchas.

«I Don’t Care» suena a 2015 y, viniendo de dos personas que pueden arriesgar todo lo que quieran y más debido al status que poseen, provoca cierta ira que ambos hayan compuesto una canción tan sumamente insulsa. La jugada no ha salido bien a estos veteranos del pop. En primer lugar porque el tema queda en terreno de nadie: es demasiado sosa para ser de Bieber, pero demasiado alegre para ser de Sheeran. Podría colar relegadas en «Purpose» como bonus track al igual que pasaría en “÷”. Aunque «I Don’t Care» intente incitar al chill, relax, mojito and caipirinha, es más cercano a la experiencia de quedarse dormido en la playa con las gafas de sol puestas y despertarse como un mapache. La canción es plana, aburrida y sosa. Para más inri, llega unos cuatro años tarde. Y ellos son Justin Bieber y Ed Sheeran, no Maroon 5 o Hailee Steinfeld.

La canción, aún así, está funcionando bien en listas de venta. Sin conocer todavía los datos de Spotify (auguramos unos 7-8 M globales en su estreno), podemos ver cómo la canción vende tres veces más que su competidor más directo en iTunes USA y cinco veces más en el caso de iTunes UK y Canadá (países a los que pertenecen ambos cantantes). Obviamente, el tema ha entrado directamente al número 1 de iTunes Worldwide. En cuanto a YouTube, su audio «tan solo» ha conseguido recibir 5,5 millones de visualizaciones (por detrás de, por ejemplo, «A Whole New World«). Como siempre ocurre, su éxito o no dependerá de las cifras que maneje esta semana en Spotify.

Con la de cientos de novedades que existen semanales, nos da algo de rabia que temas como este «I Don’t Care» acaparen toda la atención -aunque aún no ha vivido el boom en redes sociales, pero sabemos que llegará tarde o temprano-. Ejemplos claros son el excelente «Starter» de Iggy Azalea que pasará sin pena ni gloria, el tremeno bop estrenado por Kim Petras hace unos días o, por qué no, lo último de Carly Rae Jepsen, increíblemente mejor que todo lo que han presentado estos dos chicos en los últimos años.

Una pena que vaya a ganar el heteropatriarcado más básico.

 

Miki realiza un excelente primer ensayo en Eurovisión 2019

Ya puedes ver un avance de la puesta en escena.

A tan solo ocho días de Eurovisión, Miki Núñez, representante de España en el festival, ha realizado hoy su primer ensayo en el escenario de Tel Aviv. Con medio país preparado para criticar la escenografía y nuevamente culpar lo poco preparada que está la organización española en el festival, el único concursante de OT 2018 que sigue con vida nos ha proporcionado una de las grandes alegrías eurovisivas de los últimos años: todo parece ir sobre ruedas de cara a la final. Por primera vez desde que tenemos uso de razón -el que escribe esto es viejo, pero no tanto-, los deberes han sido realizados de manera previa y al escenario de Tel Aviv se va tan solo a matizar pequeños errores.

España ha hecho uso de las enormes posibilidades que ofrece un escenario como este. Para ello, han ubicado un enorme KALLAX de Ikea tamaño XXL de 3×2 módulos que representa el interior de una vivienda de la manera más minimalista posible (hasta yo sería capaz de recrearlo con AutoCad, siendo yo nefasto en esto). Los bailarines se distribuyen en las distintas habitaciones inmersos en una rutina hasta que Miki el verbenero te propone toda una rave cargada de color y alegría a la que parece ser es imposible resistirse. Tenemos un buen puñado de fondos efectivos y cargados de color como si de un anuncio de Sony se tratase, unos bailarines dispuestos a darlo todo, un robot gigante que no sabemos bien qué representa (de nombre Paco, por cierto) e incluso una GoPro que emulará una Kiss Cam de la cual tenemos ciertas dudas. ¿Es una action camera la mejor opción teniendo en cuenta la calidad a la que se graba el evento además de la enorme cantidad de colores que se va a ofrecer en el escenario? We don’t know yet.

Aún así, pocos peros podemos poder a Miki este año: ha hecho promoción por gran parte de Europa, se ha involucrado de lleno con el festival y ha hecho amistades con casi todos los países. Veremos cómo acaba todo la próxima semana, aunque todo apunta bastante bien.

Esperemos que de ese techo no pare de caer confetti durante la performance (y glitter, que nunca está de más).

Y recordad que tenéis críticas de todas las canciones que participarán en el festival aquí.

 

Crítica: Mares Igual Que Tú – Amaral | Un comeback colorido e irresistible

El sonido de Amaral sigue intacto a pesar de este giro electrónico que nos proporciona el primer single de su octavo álbum.

4 estrellas

Mares Igual Que Tú - SingleTras cuatro años de espera desde el notable «Nocturnal», Juan Aguirre y Eva Amaral vuelven con «Mares Igual Que Tú«, primer adelanto de su octavo álbum de estudio «Salto al Color«, esta vez editado y distribuido por Sony Music España -tras ocho años siendo completamente independientes-. Los pequeños avances con los que Amaral nos deleitaba durante las últimas semanas auguraban esa orgía de color que no veíamos desde «Pájaros en la Cabeza» y, aunque aún no hayamos llegado a ese «Follow the City Lights» que tanto ansiamos, este «Mares Igual Que Tú» supone un buen paso al disco más pop de Amaral en 14 años.

El sonido de los zaragozanos sigue intacto a pesar de este giro eléctrico que se presenta en «Mares Igual Que Tú», un tema cargado de metáforas marítimas y cuyo estribillo se convertirá en el mayor reclamo de la canción: si sus estrofas iniciales se manifiestan de manera recatada, su estribillo es esa dosis de color que hemos echado en falta durante los últimos trabajos del dúo. La vuelta de Juan y Eva siempre es agradable: ambos nunca se han dejado llevar por lo que dictan las masas. Comenzaron a autoeditarse cuando el streaming tomaba un peso importante en la sociedad, lanzaban singles de cinco minutos tales que «Llévame Muy Lejos» sin radio edit mediante, se alejaban del infalible sonido pop que les permitía sonar en radios (hace años que no tenemos temas como «El Universo Sobre Mí» o «Toda La Noche En La Calle») y empezaban a proclamarse como el grupo perfecto para actuar en festivales de todos los tamaños, volcándose el público de lleno con su performance.

Este «Mares Igual Que Tú» ha representado sus sonidos acuáticos en un videoclip magistral dirigido por Paula Ortiz («La Novia»), repleto de coreografías, colores y planos cargados de alegría que permite su visionado en bucle sin problema alguno. No hay cabo suelto en este: el vestuario de Eva completamente idóneo, el equipo de baile que la rodea se desenvuelve como pez en el agua junto a la cantante e incluso Juan Aguirre soplando la arena al final del videoclip hacen de este «Mares Igual Que Tú» uno de los mejores -y más identificables- vídeos que han presentado los zaragozanos en los últimos años (quizás desde el brillante «Ratonera», cuya viralidad estaba más que justificada).

Amaral lanzará este octavo álbum el 6 de septiembre, un día antes de su participación en el DCODE Festival. Esperamos algún que otro avance más de cara a los próximos meses. Mientras, disfrutaremos del último himno que nos ofrece Amaral sin descanso una vez más. Así sí.

ZAYN se une a Aitana, Becky G o Zhavia Ward para la banda sonora de Aladdín

Se filtran las primeras fotos del videoclip de ZAYN con Aitana

Sorprendentemente, ZAYN ha salido de su casa, ha aparecido un videoclip y ha grabado la canción que sonará durante los créditos del próximo no-éxito de Disney «Aladdín«. Y es que, la nueva entrega solo apta para gasolineras contará con una nueva versión de «A Whole New World» interpretada por el difunto ZAYN -siempre brillante vocalmente, pero extremadamente aburrido en esta versión- y una tal Zhavia Ward que interpreta a Christina Aguilera en la era «Stripped», de voz extremadamente grave para este tema. Lo que viene siendo un cuadro a la altura de todos los tráilers, pósters y spots de «Aladdín». A ver quién se atreve a ir al cine el 24 de mayo.

Pero ZAYN, que no comparte ni un solo plano con su compañera en la versión americana en el videoclip porque Dios sabe qué estaría haciendo, también ha grabado con dos grandes estrellas como la medio-latina-medio-estadounidense-dependiendo-del-mes-y-las-ventas Becky G, también conocida por su extraordinario papel en «Power Rangers» y Aitana Ocaña en la versión patria. La ex-concursante de OT desempeña un buen trabajo -nos atreveríamos a decir que la mejor interpretación la realiza ella- gracias a su voz dulce y el perfil tan Disney que posee la catalana. No tan bien le sale la jugada a Becky G cuyo modo pseudo-orgásmico de cantar nos deja completamente descolocados.

La canción, cuando está bien ejecutada, es preciosa. Aquí lo que notamos es una falta de química brutal, una nueva base con chasquidos que nos saca completamente del tema y un videoclip que nada dice de esta. En caso de hacer un vídeo para la versión española con Ocaña, la imaginamos así:

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Un mundo ideal

Parece que Disney ha dejado de confiar en «The Cheetah Girls 3» «Aladdín». Nos parece lógico.

Además, ya es hora de enterrar a Will Smith. Que alguien le diga que él no es Obama, por favor.

ZAYN, ya puedes volver a encerrarte en tu apartamento y seguir tatuándote hasta el perineo.

Crítica: A Pesar de Todo | «A mí no preguntes, solo soy una chica»

El vacío hecho película

1 estrella

3891340Netflix estrenaba la pasada semana una comedia poco efectiva protagonizada por las cuatro actrices españolas de siempre. «A Pesar de Todo» cosechaba malas críticas por los medios especializados y también a través de redes sociales pero, tras su visionado, uno descubre que es aún peor de lo que ha leído. La comedia nada graciosa dirigida por Gabriela Tagliavini puede ser homófoba, absurda, inverosímil y estereotipada a partes iguales. Estamos hablando, probablemente, de la peor película que hayamos visto en los últimos meses. Al menos esta tortura tan solo dura una hora y veinte minutos.

La premisa de «A Pesar de Todo» puede ser interesante: cuatro chicas deben descubrir tras la muerte de su madre quién es su padre biológico para poder recibir la parte de la herencia que les corresponde. Tenemos a la chica infeliz pero triunfadora, la lesbiana artista que sale con una boina a la calle, la rebelde que lleva el pelo pintado y a la hermana que representa el club de la castidad. Cuatro personajes planísimos interpretados por cuatro actrices que, no sabemos bien por qué, sirven de reclamo para ver esta película -aunque Amaia Salamanca debería retirarse de la interpretación porque who cares-. Todas ellas monísimas en cada plano, maquilladísimas y diciendo frases sin sentido alguno. Echábamos en falta algún «A mí no me preguntes, solo soy una chica».

La experiencia que ofrece «A Pesar de Todo» es tan vacía que resulta incómoda de ver. Cuando su guion intenta ofrecer infinitos gags a lo largo del metraje y es imposible arrancar una breve sonrisa al espectador, existe un gran problema. La cinta trata de ser graciosa constantemente, pero lo único que produce es vergüenza ajena. Cuando vemos los dilemas que se proponen a sus cuatro personajes femeninos, empezamos a considerar «A Pesar de Todo» una broma de mal gusto. La abiertamente lesbiana que acaba teniendo relaciones con un hombre («¡cómo te vas a contener ante semejante sex appeal masculino!», parece que nos indica su guion), la rebeldía altamente comedida pero que no supera los 12 años de edad, lo innecesariamente dramática que puede ser en ocasiones… No hay nada rescatable en esta película.

Aunque no debemos olvidar la respuesta de Blanca Suárez y Amaia Salamanca en ese junket promocional: «pues indiscutiblemente es una historia de mujeres, que no una historia femenina», afirma la ex-chica Almodóvar. «Femenina es porque somos mujeres, pero no es feminista», sentencia Salamanca. ¿Puede ir a peor? Por supuesto. «Unas circunstancias que le ocurren a unos seres humanos». Ellas, abanderadas del feminismo.

El vacío hecho película.

Nota: 1,5 / 10

Crítica: El Relámpago – Amaia | La espera ha valido la pena

Amaia no decepciona con este primer single.

4.5 estrellas

RelampagoAmaia Romero se encuentra en una situación delicada. Han pasado un año y cuatro meses desde que se proclamase ganadora de Operación Triunfo 2017 y, aunque su popularidad no ha caído en un solo momento, el público esperaba impaciente el primer avance musical de la navarra. Por todos es sabido que Amaia no ha estado quieta: la prensa documentaba todos los viajes a Argentina para la grabación de su primer álbum de estudio, la revista Harper’s Bazaar realizaba un reportaje con las nuevas direcciones que tomaba Amaia en su estilismo -regalándonos además una preciosa versión del tema folclore argentino «Zamba de mi esperanza«- e incluso concedía entrevistas a medios especializados donde no dejaba muy claro el estado en el que se encontraba su álbum. Tras la preciosa «Un Nuevo Lugar«, que servía como mero aperitivo del disco, ayer se publicaba en todas las plataformas digitales «El Relámpago«, primer single oficial de uno de los álbumes más esperados del año. Basta tan solo una escucha para descubrir que Amaia no decepciona y que, al fin y al cabo, esta larga espera ha valido la pena.

«El Relámpago» es un tema pop-rock producido por Santiago Ariel Barrionuevo, cantante y compositor de Él Mató A Un Policía Motorizado, que marca unas claras raíces argentinas a lo largo de estos cuatro minutos y medio de canción. En «El Relámpago», cuya letra corre a cargo de la propia Amaia y Barrionuevo, la cantante narra una relación tormentosa muy contemporánea de la cual se quiere deshacer («se acerca la tormenta, no te asustes«). Existen cuatro partes diferenciables en esta canción. El tema comienza con una Amaia casi desnuda en producción, donde tan solo escuchamos un par de acordes de un piano mientras la navarra realiza un pseudo-fraseo aireado de sus líneas. Esto desemboca en el primer estribillo («escribo tu nombre en mi mano«) donde una Amaia melódicamente celestial cede relevancia a la base del tema. La tercera parte, musicalmente más convencional debido al apoyo que aportan estas guitarras (muy Juan Aguirre, por cierto) comienza una trayectoria in crescendo hasta el segundo estribillo, aportando suma importancia a la modificación de este («escribo con fuego tu nombre«) y trasladándonos finalmente a esos «debajo del relámpago voy a contarte mi secreto» que muestran a Amaia cargada de épica y gancho.

Amaia nos ha proporcionado un canto a la liberación soberbio y musicalmente irresistible. «El Relámpago» contiene una interpretación vocal excepcional, mostrando el lado independiente de la navarra que nos enamoró hace ya más de un año. Una Amaia repleta de buen gusto que sabe verdaderamente qué quiere hacer sin dejarse llevar por lo que dictan las masas. Sin embargo, esta Amaia letrista no termina de convencernos. La sonrojante «te miro las fotos pero no le doy al corazón» o el exceso de sílabas que aporta «pero me muero de ganas por verte» en el primer verso muestran a una cantante aún verde en el apartado de la composición.

Otro de los grandes aciertos de este «El Relámpago» es su video musical. Si bien en España no estamos acostumbrados a grandes producciones en cuanto a vídeos se refiere, Amaia y su equipo han decidido tirar la casa por la ventana, presentando un visual cargado de simbolismos y donde predomina la coherencia con respecto a un concepto. El fenómeno Amaia está más cerca de todo aquello que vivimos el pasado año con «EL MAL QUERER» que de lo presentado por sus compañeros de academia. Bàrbara Farré dirige una historia cargada de flores incendiadas, caballos que representan la libertad de la cantante y su propia situación artística y personal. Farré ha encerrado a la navarra en unos idóneos cuatro tercios y ha hecho uso de una paleta de colores muy propia de A24 films, ha jugado como nadie con todas las escenas reflejadas en pantalla y ha exprimido a la perfección el propio concepto del tema. Otra de las grandes sorpresas que nos ofrece este vídeo es ver cómo Amaia es capaz de soportar un primer plano de larga duración y dejar al espectador completamente embobado, ya sea bajo la lluvia, mirando un móvil o creando fuego a través de sus manos. Una delicia audiovisual.

El comeback de Amaia ha estado indiscutiblemente a la altura. Nadie en su sano juicio imaginaba a la cantante presentándose a la industria con un «Ya No Quiero Na», un «Teléfono» o incluso un «Shake It Out». Amaia se dio a conocer mediante canciones de Rosalía como «Catalina», Mercedes Sosa y su «Alfonsina y El Mar» o El Kanka y «Lo Mal Que Estoy Y Lo Poco Que Me Quejo». Y aunque su actuación de «Shake It Out» fuese sublime, Amaia siempre estuvo más cómoda cantando «Miedo» de M-Clan.

Exactamente lo que esperábamos de ella. Bravo.

 

Crítica: Carolina Durante – Carolina Durante | El disco que no suena en capeas

Así suena «Carolina Durante», el álbum debut de la banda madrileña.

4 estrellas

carolina_durante_por_cd copiaEl público parece haber decidido que Carolina Durante será uno de los grupos que representarán a la generación millennial. Tras el enorme éxito que supuso  «Cayetano» -una canción no apta para capeas- y el hito que supuso para la banda colaborar con Amaia en «Perdona (Ahora Sí Que Sí)«, su primera canción editada post-academia, la banda madrileña se encontraba en el punto de mira. Indudablemente, Carolina Durante era ese soplo de aire fresco que necesitaba la música española. El grupo de guitarras que echábamos de menos, de composiciones divertidas y donde el drama, por suerte, no es el pilar básico del grupo. Tras la edición de dos EPs con Sonido Muchacho, la banda estrenaba hace unos días su primer álbum de estudio «Carolina Durante», co-editado por Universal Music Spain. Por suerte, las canciones que lo componen son mejor que el título del disco.

«No sonamos mal, sonamos mejor que ayer«. El puente lírico de «Las Canciones de Juanita» no podría ser más preciso. El cambio de sonido de la banda en las últimas canciones editadas es evidente. Tanto «Joder, No Sé» como «Las Canciones de Juanita» coqueteaban con producciones más exactas y limpias, donde la voz de Diego ya no perforaba tímpanos como ocurría en temas pasados. Por suerte, sigue teniendo esos aires garage que tanto escasean en España (especialmente en el terreno comercial). Carolina Durante sigue siendo fake post punk pero con una buena dosis de color. Algo así como el hijo que tendrían el cantante de Ramones y Taylor Swift. Cuando se convierte en avant pop-rock, es el hijo de Dani Martín (R.I.P. artísticamente) y el de Melocos (R.I.P. en general).

Carolina Durante destaca gracias a sus letras. La banda ha conseguido ofrecernos con este «Carolina Durante» un buen puñado de himnos como «Joder, No Sé», «Buenos Consejos, Peores Personas» o «Nuevas Formas de Hacer el Ridículo», donde las letras huyen de lo políticamente correcto. El ejemplo más claro lo encontramos en «Nuevas Formas»: «Hola, soy Mikel, ¿qué tal? Sí… bueno, el otro día vi la publicación esa de tu perro y nada… quería decirte… pues eso… que… ¡me masturbé con tu foto de la semana pasada!«. A ver cuántos son capaces de tachar al grupo de, no sé, violadores. Tampoco se queda atrás «Cuando Niño»: «cuando niño no gustaban los payasos, me causaban sensación de malestar / Y ahora lamento que sea uno de ellos, nariz roja pero de tanto sangrar«.

A pesar de la coherencia que se muestra a lo largo de estos treinta minutos, alguna canción puede pecar como relleno para completar las diez canciones que solicita el disco. Es el caso de «Cementerio (El Último Parque)» (¿qué tipo de obsesión tiene el grupo con los parques y la muerte?), cuya letra y melodía resultan inferiores a la del resto del álbum, quedando lastrada por encontrarse en la primera cara del álbum junto a otros grandes temas como «El Año». De haber sido relegada a bonus track -e incluirla por ende al final del álbum- la podríamos haber llegado a considerar un regalo para los fans del EP «Necromántico».

También hay producciones muy acertadas como en «El Perro de tu Señorío» y «Falta Sentimiento», que podrían haber salido directamente de «The Rocky Horror Picture Show» debido a la épica que se intenta conseguir mediante las críticas sociales y que se caracterizan por un peculiar tratamiento de la voz que parece haber sido grabada en una iglesia. En el otro lado de la moneda, «KLK», cuyo arreglos no hemos llegado a comprender y nos estropean el resultado final de la canción.

Puede que este «Carolina Durante» no incluya un hit tan evidente como «Cayetano» ni reclamos como colaboraciones con cantantes de suma relevancia (sí en la edición en vinilo, donde se incluye un flexidisc de «Perdona»). Sin embargo, este primer álbum de estudio está dotado de una coherencia musical, sus letras siguen siendo coreables y, como carta de presentación, estamos ante un largo fascinante. Tenemos un reflejo de una generación completamente perdida cuando alcanza la treintena o cuando finaliza sus estudios («Joder, No Sé») y una crítica a una modernidad asquerosamente tóxica («El Perro de tu Señorío», «El Año»). Todo narrado con una vehemencia fantástica e irresistible que hace de Carolina Durante uno de los grupos fundamentales de la actualidad. Este debut no es más que una prueba de ello.

Nota: 7,6 / 10

Especial Eurovisión 2019: Montenegro

Los Pentatonix de los chinos presentan «Heaven».

Eurovisión está a la vuelta de la esquina. A tan solo 41 días de la gran final -y coincidiendo con el número de países que escucharemos durante los días 14, 16 y 18 de mayo-, en The Rubiew nos lanzamos a la piscina analizando todas y cada una de las canciones que tomarán el escenario de Tel Aviv el próximo mes. Sorprendentemente, hemos pensado en todo y, si todo va según lo previsto, comenzaremos con aquellos países que competirán en las semifinales y dedicaremos la última semana al país anfitrión y a los integrantes del Big Five.

Para las críticas se seguirá una misma estructura, analizando la canción -es decir, solamente la pista de audio- y después su puesta en escena. Con toda la frialdad y crudeza que caracteriza esta website, valoraremos el tema con con un renovado sistema de puntos, que es el mismo de siempre pero cambiando el tipo de estrellas. The Rubiew vuelve cargado de novedades.

Empezamos a sacar nuestro lado más eurofan.

LA CANCIÓN:

Montenegro parece haber optado por el optimismo, el buen-rollismo y por ese dueto tan propio de los créditos de algún clásico de Disney naíf. «Heaven» es todo eso y mucho más, pues no deja de ser un tema coreable y disfrutable, dentro de la infantilidad en la cual se envuelve. Sin embargo, esta inocencia que caracteriza al tema de Dmol juega completamente a su favor gracias a una producción de aires celestiales y un buen empaste entre las seis voces de sus intérpretes -aunque parezca que solo hay dos- . «Heaven» además juega con sonidos más patrios alejándose de la radiofórmula europea y es que, intentar no sonar sueca puede ser una de las mayores bazas de la canción -y algo que admiramos-. Y por muy tonta que pueda ser en ocasiones, no deja de ser un tema con el que es imposible no sacar una pequeña sonrisa.

LA PERFORMANCE:

La versión china de Pentatonix presentaron «Heaven» en la televisión montenegrina de la manera más bochornosa posible: con un pentagrama de fondo. Ni en Glee hemos visto escenarios tan atroces como este. Imaginamos a los chicos de Dmol diciendo que «la música es lo más importante del mundo», que «la música cura el alma» y que «una canción puede curar el hambre y la sequía de cualquier país africano». La pseudo-coreografía que desarrollan aporta una enorme dosis de vergüenza ajena, el vestuario como si fuesen notas negras es espantoso (al menos no han usado a un gordo para recrear una redonda) y las armonías quedan en tierra de nadie. Muy mal.

POSICIÓN EN CASAS DE APUESTAS:

Último lugar en apuestas para Montenegro. Oops.

En definitiva, un tema que tenía su gracia pero que queda completamente perdido entre tanto mal gusto debido a su escenografía. Una pena.

ESC 2019.049

Especial Eurovisión 2019: Moldavia

La misma balada de siempre, interpretada de la misma manera de siempre y que nos provoca lo mismo de siempre: nada.

Eurovisión está a la vuelta de la esquina. A tan solo 41 días de la gran final -y coincidiendo con el número de países que escucharemos durante los días 14, 16 y 18 de mayo-, en The Rubiew nos lanzamos a la piscina analizando todas y cada una de las canciones que tomarán el escenario de Tel Aviv el próximo mes. Sorprendentemente, hemos pensado en todo y, si todo va según lo previsto, comenzaremos con aquellos países que competirán en las semifinales y dedicaremos la última semana al país anfitrión y a los integrantes del Big Five.

Para las críticas se seguirá una misma estructura, analizando la canción -es decir, solamente la pista de audio- y después su puesta en escena. Con toda la frialdad y crudeza que caracteriza esta website, valoraremos el tema con con un renovado sistema de puntos, que es el mismo de siempre pero cambiando el tipo de estrellas. The Rubiew vuelve cargado de novedades.

Empezamos a sacar nuestro lado más eurofan.

LA CANCIÓN:

Ay, Moldavia, qué pérdida andas. Anna Odobescu presenta la balada “Stay”, que pocas posibilidades tiene de cara al festival. Y no precisamente porque esta señora de apellido impronunciable no consiga alcanzar las difíciles notas que caracterizan la canción, sino porque la canción carece de elementos que la hagan memorable. Siempre hemos sido partidarios de estructuras clásicas y del carácter in crescendo para la balada eurovisiva y, aunque analizando detalladamente este “Stay” podemos observar que haya coherencia, la producción del tema queda tan difusa que no sabemos si el estribillo está siendo repetido en bucle durante los tres minutos o que, por ende, no existe estribillo alguno sobre el cual apoyar el peso de la canción. Es una canción tan de vieja gloria de 50 años que su repetición se presenta poco apetecible. No correr riesgo alguno tampoco facilita su escucha.

LA PERFORMANCE:

Parece que lo único en lo que Moldavia puede sorprender este año durante su performance será en el vestuario pues, a día de hoy, la puesta en escena está más próxima a una interpretación en un especial de verano de Canal Sur grabado en Chipiona que de un festival de semejante escala. Tenemos mucho glitter a su alrededor, confetti comprado en el bazar chino más cercano de los estudios televisivos de Chisináu y tres coristas que rompen la poca atmósfera que se podría llegar a conseguir. Aunque sabemos (y esperamos) que esta no es la puesta en escena final, sí hubiésemos agradecido un breve avance de lo que podríamos llegar a ver en Eurovisión. Aquí Suecia lleva años de ventajas.

POSICIÓN EN CASAS DE APUESTAS:

La posición 37º no augura un buen resultado para Moldavia, que a día de hoy se tendría que conformar con su performance en la semifinal.

En definitiva, la misma balada de siempre, interpretada de la misma manera de siempre y que nos provoca lo mismo de siempre: nada.

ESC 2019.050