Crítica: Joker | Tediosa, absurda y mal ejecutada.

«Joker» es la «Bohemian Rhapsody» de este 2019.

2 estrellas

MV5BNGVjNWI4ZGUtNzE0MS00YTJmLWE0ZDctN2ZiYTk2YmI3NTYyXkEyXkFqcGdeQXVyMTkxNjUyNQ@@._V1_«Joker» es una de las grandes decepciones de este año. Lo que prometía ser un drama intimista sobre, probablemente, el mejor villano que se haya podido trazar en un cómic, ha quedado en un mero quiero-y-no-puedo por parte de DC. Y es que ni la magistral interpretación de Joaquin Phoenix ha podido salvar esta cinta, la cual peca de poca coherencia en su dirección, un guion completamente plano y, por qué no, una inteligencia artística muy limitada. ¿Sabéis eso de hablarle a un ex y convertirse de manera inmediata en el emoji del payaso? Pues eso mismo nos ha ocurrido, habiendo caído en la trampa que supone este «Joker». Intentar hacer que nuestra relación con DC funcione es algo imposible.

Anonadados ante la belleza que mostraba el primer tráiler de la cinta, uno imagina que «Joker» va a suponer un antes y un después dentro del género de superhéroes, llevándolo más allá de esas poco excitantes fiestas de pirotecnia, los disfraces de Disfrazmanía.com y el carente talento de sus actores para la interpretación (¡sorpresa! ¡Chris Pratt no es buen actor!). Uno cae de lleno en esta farsa cuando ve a Joaquin Phoenix, cuya filmografía como actor es sensacional, encarnando al villano más famoso de todos los tiempos, uno de los los más carismáticos que hemos podido ver en pantalla y con el mayor número de capas y matices. Cuando Todd Phillips (director de «Resacón», «Resacón 2: Ahora En Tailandia», «R3sacón») muestra en el trailer planos que ya habíamos visto antes en obras maestras como «Cisne Negro», aumenta el hype a la espera de una película excelente. Pero cuanto más alto sube uno, más grande es la hostia que se lleva al final. Y eso es, querido lector, lo que nos ha pasado.

Lo de «Joker» no tiene nombre. Hacía mucho tiempo que no veíamos una película con tantísimas carencias en su apartado de dirección y con un guion tan mal elaborado. «Joker» ha buscado desde un primer momento convertirse en una película épica a través de escenas de Joaquin Phoenix bailando, primeros planos y un torpe pero a veces efectivo juego de luces. Ese aura pseudo-independiente de la cual se rodea se pierde por completo cuando «Joker» se desvela como una de las cintas más obvias que hemos visto en años. Una película que trata al espectador como un mero subnormal. Una película que utiliza esa atmósfera tan propia del thriller, que juega a ser oscura, psicológica e intimista pero que acaba vendiéndose al espectador medio de Marvel. Y no a ese espectador que disfruta la película sabiendo que no es la gran obra maestra del cine, sino al que puntúa «Endgame» con un 10.

Era muy difícil hacer de Joker un personaje plano, pero Todd Phillips lo ha conseguido a través de escenas que no llevan a absolutamente ningún lado. No existe ninguna evolución en su personaje, haciendo que el clímax de la película llegue sin ninguna razón excesivamente clara. Esa búsqueda de la aceptación que se plantea desde el comienzo de la trama no consigue ser siquiera el hilo conductor de esta película. ¿La escena de la escaleras? Una combinación de planos cutrísima que no cuenta absolutamente nada. Todd Phillips ha jugado a ser Darren Aronofsky, Stanley Kubrick y Quentin Tarantino a la vez, pero ha resultado ser una copia barata de Christopher Nolan.

La película ocurre de manera lenta involuntariamente debido a la torpe presentación de sus personajes y la sucesión de escenas tan irrelevantes que componen su metraje. Es decir, «Joker» es lenta sin delicadeza alguna. Hagamos una odiosa comparación con una de las mejores cintas que actualmente se encuentra en cartelera: «Relato de Una Mujer en Llamas». La cinta francesa es lenta y muy pausada, quizás como mera metáfora del trabajo que supone pintar un lienzo, donde sus personajes son trazados con un pincel muy fino, delicado y astuto. «Joker» es «Paint Racer«, aquel rodillo que podías rellenar de pintura que aparecía en la teletienda, con el que pintabas muy rápido pero tardabas seis horas en limpiar el artilugio. Una comparación un poco rara, pero efectiva.

La nula evolución de sus personajes, el hecho de que parezca que vaya a finalizar cada cinco minutos -no sabe siquiera a dónde quiere llegar-, la inclusión de ciertos personajes para emocionar al fan más básico… Uno se queda completamente nublado cuando sale del cine, incapaz de pensar en los aciertos que puede cometer esta película. Poner al personaje principal a bailar música que evoca un sentimiento de nostalgia es un acierto. Hacerlo cada tres minutos, no lo es. Indudablemente, «Joker» es la «Bohemian Rhapsody» de este año.

Nota: 4 / 10

Crítica: Zombieland, Mata y Remata | Así se construye una buena secuela

Tan fresca, divertida y frenética como la primera entrega.

3.5 estrellas

zobieland-2-poster-1569522425El tiempo pasa, pero no para Jesse Eisensberg, Woody Harrelson y Emma Stone, quienes parecen haber hecho un pacto con el diablo en esta última década. Han pasado diez años desde que esta cinta cómica sobre zombies se convirtiese en todo un fan-favorite para los cinéfilos y amantes del género, pero mientras el resto de mortales envejecemos, ellos siguen completamente intactos. De no ser por Abigail Breslin, podríamos llegar a pensar que esta secuela fue grabada inmediatamente después de terminar el rodaje de la primera parte. Pero, lo más importante, es que este «Zombieland: Mata y Remata» es tan divertida como la primera película.

«Zombieland», año tras año, ha ido consolidándose como toda una película de culto. Esa clásica película que se estrena sin hacer mucho ruido pero que todos hemos rescatado alguna que otra vez a lo largo de estos años, se presta a comparaciones y todo el mundo recuerda con muy buen sabor de boca. Era una película cargada de dinamismo, una road movie sobre la búsqueda de una familia o un hogar en tiempos en los que puedes ser devorado por un zombie si uno no sigue las recomendaciones de Columbus. Podríamos decir que esta segunda entrega juega en desventaja, pues el factor sorpresa ya no forma parte de sus cartas a jugar. Sin embargo, «Mata y Remata» posee una dosis mucho más fascinante de comedia, mayor frenetismo, nuevos personajes con los que romperemos a carcajadas e incluso un plano secuencia que demuestra el mayor presupuesto con el que ha contado la cinta. Esta secuela es claramente un sí.

En primer lugar, gracias a la vuelta de tuerca que da su guion. La trama principal de la historia la marcan Little Rock y Tallahassee mediante su relación de padre-hija casi por obligación. Little Rock quiere conocer mundo, así que decide marcarse un «Vaiana» en busca de nuevas aventuras y, por qué no, chicos de su edad. A través del planteamiento de este dilema y la consecuente evolución por parte de los personajes a lo largo de estos 10 años, comienza el desarrollo de la cinta. Cinta en la que encontramos un nuevo personaje, Madison, uno de los mayores aciertos por parte de «Zombieland: Mata y Remata». Madison es la típica chica rubia que siempre viste de rosa y que nadie sabe muy bien cómo ha sido capaz de sobrevivir durante tantos años a este apocalipsis zombie. A pesar de lo manidos que tienden a estar este tipo de personajes, es sorprendente lo bien que funciona dentro de la cinta, aportando los momentos más desternillantes de esta y a la vez que supone un soplo de aire fresco para esta historia.

Incluso la propia cinta es consciente de que el espectador está completamente saturado de películas y series con temática zombie. Aún así, a través de la narración de Columbus que dirige la historia, da la gracias al espectador por haber decidido visionar la secuela. Voz que vuelve a repasar todas las reglas, ya que vuelven a tener tantísimo protagonismo como lo tenían en la primera.

Sorprende que los cuatro actores hayan dicho sí a esta película, atendiendo a los proyectos que están firmando Emma Stone -que venía de hacer «Una Conejita en el Campus» antes de la primera cinta- o Woody Herrelson. Da gusto ver lo cómodos que se sienten con sus personajes y lo muchísimo que parecen haber disfrutado esta película. En cuanto al apartado de dirección, cumple con su cometido, ofreciendo un breve caramelo como un plano secuencia que, lejos de ser necesario, aporta cierta personalidad a la película.

«Zombieland: Mata y Remata» es una película que te encantará si disfrutaste de la primera entrega. Sigue siendo fresca, divertida y frenética, siendo un plan imprescindible para estas semanas. ¿Volveremos a ver a este cuarto en 2029? Si el guion está a la altura, ojalá que sí.

Nota: 7,25 / 10

Crítica: Érase Una Vez En Hollywood | Tan tarantinesca como las ocho anteriores

Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Margot Robbie brillan en esta oda al cine.

4 estrellas

once-upon-a-time-in-hollywood-posterQuentin Tarantino estrenó el pasado jueves su novena película, «Érase Una Vez En Hollywood«, una cinta que no destacó en exceso durante el festival de Cannes y de la que el director afirmó preparar un nuevo corte (aún) más extendido para su proyección en cines. Por suerte, parece que tanto la prensa especializada que se encontraba en la ciudad francesa como el público han disfrutado de los mismos 161 minutos de metraje que nos ha ofrecido esta diva del cine. Y no. No hablamos de Margot Robbie, sino del propio director.

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Crítica: Toy Story 4 | Qué odiosas son las comparaciones

Tranquilos: es una película excelente.

3.5 estrellas

image5d0ad9b4b162cQue no cunda el pánico. «Toy Story 4» sigue siendo una muy buena película de animación. Sin embargo, sus antecesoras son el mayor de sus handicaps. Ser la cuarta entrega de una de las mejores sagas de la historia del cine ponía el listón excesivamente alto, más aún cuando la película estrenada en 2010 conseguía cerrar de manera soberbia la que sería hasta entonces la trilogía más famosa de animación. ¿Hace esta nueva entrega justicia a la saga? Sí. ¿Es innecesaria? Esta pregunta es más compleja: si bien es cierto que no sigue la línea que proponen las tres primeras cintas, «Toy Story 4» no brilla tanto como debería.

La premisa de la cual parte esta entrega es magistral. En «Toy Story 4» se deja a un lado la relación juguete-humano para adentrarse de lleno en la búsqueda de la identidad de los propios juguetes. Todo esto comienza a través de Forky, un tenedor -también válido como cuchara y que sirve como easter egg de «Wall-E»- creado por Bonnie en su primer día de colegio que, tras haber sido realizado con elementos de la basura, es incapaz de identificarse como un juguete. Forky se siente basura y no se siente cómodo siendo algo con lo que no se identifica, intentando escaparse cada minuto hacia el cubo o vertedero más cercano. El que podría haber sido un personaje de lo más pedante, acaba convertido en un secundario magistral que, aunque pueda pecar de ser excesivamente infantil, contiene la doble lectura que Pixar siempre pone a servicio de los padres que acuden a ver la cinta con sus hijos. Tanto es así que no hay protagonismo alguno para otros juguetes como Jessie, Perdigón, Rex, Slinky o los Señores Patata. Esta nueva entrega de Toy Story se centra exclusivamente en Woody, Bo Peep y Forky, siendo el primero de ellos el protagonista total de la cinta.

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El rescate de Bo Peep, aquella pastorcita de cerámica de la cual perdimos el rastro en «Toy Story 3», es uno de los grandes aciertos de esta entrega. Bo Peep llega totalmente renovada, con un nuevo look y una personalidad nada acorde a aquella que conocimos durante las cintas de 1995 y 1999 (¡20 años sin saber de Bo Peep!). Es ella la encargada de someter a Woody a nuevos dilemas que marcarán el rumbo de la película: mientras Woody sigue queriendo ser el «shérif» de la habitación -aunque quede relegado a un segundo plano por parte de Bonnie, quien tiene preferencia por el resto de juguetes-, Peep le mostrará lo apasionante que puede llegar a ser no ser pertenecer a ningún niño y la infinidad de posibilidades que puede llegar a perderse debido a su lealtad. Pixar ha usado a Peep para actualizar la marca «Toy Story», añadiendo una buena dosis de feminismo a través de mujeres empoderadas e independientes sin necesidad de crear escenas absurdas y metidas con calzador (como sí ocurría en la re-adaptación del clásico «La Bella y la Bestia» o en la última cinta de «Los Vengadores«). Indudablemente, Pixar es una de las empresas de animación con los mejores guiones del panorama cinematográfico actual, yendo años de ventaja con respecto a la sociedad (recordemos que, aunque la película haya sido estrenada en 2019, su guion fue escrito hace cuatro años debido a lo largo que es el proceso de animación).

Sin embargo, «Toy Story 4» es la historia de Woody, uno de los personajes más complejos que hemos conocido en la historia de cine -aunque parezca exacerbado-. El arco del personaje se ha elaborado tan sumamente bien a lo largo de estos 24 años que resulta fascinante ver cómo Woody sigue sorprendiéndonos entrega tras entrega. Desde aquel western con el que nos sorprendían en 1995 hasta aquella aventura de rescate magistral que suponía la tercera entrega. Tal y como han demostrado, había una faceta de Woody por conocer, pues ya no es el líder que siempre le hemos visto ser. La búsqueda de la identidad que propone «Toy Story 4» es tan íntima y personal que te impedirá pestañear un solo segundo.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Tal y como anunciábamos al comienzo de esta crítica, «Toy Story 4» sería una muy buena película de animación de no haber sido por la trilogía ya estrenada. Abrir una saga que estaba perfectamente sellada («Toy Story» empieza con el mismo plano con el que termina «Toy Story 3») para mostrar una nueva historia de estos juguetes era un arma de doble filo con pocas posibilidades de no descontentar a un público que lleva revisionando estas tres primeras cintas durante décadas. Aunque la jugada no haya sido fallida por parte de Disney Pixar, sí queda cierto sabor agridulce tras el visionado de la cuarta entrega. «Toy Story 4» sigue siendo entretenida, pero no tanto como sus antecesoras. «Toy Story 4» sigue siendo emocionante, pero no tanto como sus antecesoras. «Toy Story 4» sigue dejándonos boquiabiertos, pero no tanto como sus antecesoras. No tenemos una escena tan estremecedora como aquella en el incinerador, ni el factor sorpresa de la primera entrega, ni su aventura es tan eficaz como la de su segunda entrega. Y es que, aunque todos los elementos están en la película, la comparación es lo peor que le podía pasar a esta entrega -y lamentablemente es inevitable-. Eso sí, seguimos saliendo de la sala de cine con un nudo en la garganta: Pixar no desperdicia ni una oportunidad.

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Si nos adentramos en el apartado más técnico, solo hay halagos para la cinta. Si con «Toy Story 3» alucinamos con la cantidad de detalle que encontrábamos en cada plano -imposible borrar de nuestra memoria cada mota de polvo que aparecía en aquella máquina expendedora-, lo que presenta «Toy Story 4» es una monstruosidad. No solo a nivel de detalles en cada uno de los escenarios que vemos en pantalla -la feria donde se desenvuelve la trama es absolutamente espectacular-, sino en las nuevas texturas con las que han remasterizado a todos los personajes. La rugosidad del plástico de Woody, el brillo de cada uno de los materiales de los que se componen cada juguete, el sinfín de colores que presenta, cada movimiento… ¡Por no hablar del paso por quirófano de Andy! «Toy Story 4» es a día de hoy la película mejor película de animación a nivel técnico que Disney ha presentado.

Aprovechamos para hacer un breve repaso del funcionamiento de su guion y otros de los personajes que se nos presentan en estos 100 minutos de metraje. Algo que podemos echar en cara a «Toy Story 4» es la aventura que forma el nudo de la película. Es demasiado simple y repetitiva para una cinta de este calibre, obviando el humor excesivamente infantil que caracteriza algunas de sus escenas. Destacamos positivamente a los dos peluches de la feria, capaces de hacer uso de un humor más adulto pero también eficaz para el niño que hemos usado como excusa para ir al cine a la primera sesión. No funcionan del mismo modo los villanos de la cinta, demasiado transparentes y poco sorprendentes en el transcurso del metraje.

«Toy Story 4» gustará a los fans y es un visionado casi obligatorio. ¿Somos culpables de habernos creado unas expectativas excesivamente altas? Sí, por supuesto. Pero estas expectativas se crearon a través de tres cintas magistrales que cerraban un círculo que todos pensamos que no volvería a ser abierto. Aún así, la película es excelente y, parafraseando a uno de los críticos de eCartelera, «funciona mejor como epílogo que como una parte más de la trilogía». Al fin y al cabo, el camino que toma es completamente distinto.

Quién sabe. A lo mejor hasta se convierte en nuestra aventura favorita con el paso de los años y los revisionados.

Nota: 7,25 / 10

Crítica: A Pesar de Todo | «A mí no preguntes, solo soy una chica»

El vacío hecho película

1 estrella

3891340Netflix estrenaba la pasada semana una comedia poco efectiva protagonizada por las cuatro actrices españolas de siempre. «A Pesar de Todo» cosechaba malas críticas por los medios especializados y también a través de redes sociales pero, tras su visionado, uno descubre que es aún peor de lo que ha leído. La comedia nada graciosa dirigida por Gabriela Tagliavini puede ser homófoba, absurda, inverosímil y estereotipada a partes iguales. Estamos hablando, probablemente, de la peor película que hayamos visto en los últimos meses. Al menos esta tortura tan solo dura una hora y veinte minutos.

La premisa de «A Pesar de Todo» puede ser interesante: cuatro chicas deben descubrir tras la muerte de su madre quién es su padre biológico para poder recibir la parte de la herencia que les corresponde. Tenemos a la chica infeliz pero triunfadora, la lesbiana artista que sale con una boina a la calle, la rebelde que lleva el pelo pintado y a la hermana que representa el club de la castidad. Cuatro personajes planísimos interpretados por cuatro actrices que, no sabemos bien por qué, sirven de reclamo para ver esta película -aunque Amaia Salamanca debería retirarse de la interpretación porque who cares-. Todas ellas monísimas en cada plano, maquilladísimas y diciendo frases sin sentido alguno. Echábamos en falta algún «A mí no me preguntes, solo soy una chica».

La experiencia que ofrece «A Pesar de Todo» es tan vacía que resulta incómoda de ver. Cuando su guion intenta ofrecer infinitos gags a lo largo del metraje y es imposible arrancar una breve sonrisa al espectador, existe un gran problema. La cinta trata de ser graciosa constantemente, pero lo único que produce es vergüenza ajena. Cuando vemos los dilemas que se proponen a sus cuatro personajes femeninos, empezamos a considerar «A Pesar de Todo» una broma de mal gusto. La abiertamente lesbiana que acaba teniendo relaciones con un hombre («¡cómo te vas a contener ante semejante sex appeal masculino!», parece que nos indica su guion), la rebeldía altamente comedida pero que no supera los 12 años de edad, lo innecesariamente dramática que puede ser en ocasiones… No hay nada rescatable en esta película.

Aunque no debemos olvidar la respuesta de Blanca Suárez y Amaia Salamanca en ese junket promocional: «pues indiscutiblemente es una historia de mujeres, que no una historia femenina», afirma la ex-chica Almodóvar. «Femenina es porque somos mujeres, pero no es feminista», sentencia Salamanca. ¿Puede ir a peor? Por supuesto. «Unas circunstancias que le ocurren a unos seres humanos». Ellas, abanderadas del feminismo.

El vacío hecho película.

Nota: 1,5 / 10

Crítica: Vengadores, Endgame | Funciona como evento, no como película

«Vengadores: Endgame» es una refrito plano y falto de épica que solo gustará a los amantes del género

2 estrellas
null«Vengadores: Endgame» estará presente en 1412 pantallas de 416 cines de España a lo largo de esta semana. Su campaña de promoción está siendo desorbitada, los fans acuden en masa -tal y como hemos podido ver- a las salas de cine dispuestos a aplaudir como si de un vuelo en Ryanair se tratase, además de llorar, reír y sentir una montaña rusa de emociones a lo largo de estas tres horas de metraje. La crítica parece estar respaldando bien la cinta, acumulando ya un 7,8 en Metacritic. El público, aún en éxtasis tras los primeros pases, otorgan un escalofriante 9,2 con más de 50.000 críticas a través de la web iMDB, igualando la primera posición junto con «Cadena Perpetua» y «El Padrino» -aunque la media de la última entrega de Marvel caerá con el paso de los días-. Pero no os dejéis engañar: «Vengadores: Endgame» es una refrito plano y falto de épica que solo gustará a los amantes del género (pretends to be shocked). Y es que, siendo objetivos, esta entrega puede funcionar como evento, pero no como película.

La saturación a la que Marvel ha sometido a su público es asombrosa. En el último año han llegado a salas de cines cintas como «Vengadores: Infinity War«, «Black Panther», «Ant-Man y la Avispa» o «Capitana Marvel». Para todo aquel que haya consumido a lo largo de esta década cintas como «Iron Man», «Thor» -una de las peores cintas que hemos visto-, haya seguido las aventuras de Capitán América y haya disfrutado cómo Scarlett Johansson ejerce de jarrón en muchas otras, este «Endgame» funcionará. Sin embargo, no entendemos bien cómo el público puede seguir haciendo de esta reunión de superhéroes todo un evento teniendo en cuenta que hemos tenido tres películas de manera previa. ¿La excusa? Que es, supuestamente, el final de esta generación.

Su guion es sumamente torpe, evidenciando que sus tres interminables horas de duración son innecesarias. Nada ocurre durante la primera hora y, al igual que ocurría en la tercera entrega de la cinta, «Endgame» acaba perdida ante tanto personaje, tirando ciegamente hacia una diana numerosos dardos sin éxito alguno. ¿Cómo lo solucionan? Creando una supuesta batalla grandiosa -a la cual estamos ya más que acostumbrados- en la cual reúnen en pantalla a todos aquellos superhéroes que has visto unas quince veces en pantalla unidos. Todo esto bien cargado de machismo: los hombres batallan con los hombres y las mujeres con las mujeres. En escenas separadas. Welcome to 1967. ¿Tenemos personajes pertenecientes a minorías? Obviamente no, pues no es lo que su público quiere ver en pantalla. Tenemos tan solo a hombres en pantalla mientras ellas se dedican a posar en alguna que otra escena.

No vemos ningún atractivo en la historia de Capitán América (probablemente el superhéroe más absurdo de la película con permiso de Capitana Marvel), cuya única intención parece ser recalcar cada cinco minutos lo bien colocado que tiene su trasero. La historia de Ojo de Halcón es innecesaria -y aburridísima-, a nadie le ha gustado nunca Hulk y la nueva personalidad que Thor ha adoptado desde el tercer film nos parece tan ridícula como sonrojante. En el campo femenino encontramos a una pedante Capitana Marvel con un corte de pelo propio de un niño de 7 años y a Viuda Negra paseándose por el set de rodaje diciendo cosas sin sentido. Estas tres horas de película tan solo nos pueden llegar a resultar interesantes gracias a Iron Man y a Ant-Man. El resto es sencillamente inútil en todo el metraje: desde los chicos de «Perdidos en la Tribu» que solo aportan dos gritos nada entendibles hasta los asiáticos que mueven las manos como si estuviesen haciendo vogue (y este es el papel para las minorías, amigos).

Pasamos al campo actoral. Estrellas de la A-List, muchas de ellas nominadas al Óscar, haciendo papeles mediocres. Hacía años que no veíamos algo tan inverosímil como la interpretación de Chris Evans. Probablemente su carrera debería haber terminado tras «No es otra estúpida película americana» (un clásico). Otra que tampoco se salva es la ya mencionada Johansson, al igual que una perdidísima Brie Larson (¿qué necesidad había de esto, Brie?) o un nada gracioso Mark Ruffalo.

Y es que parece ser que «Vengadores: Endgame» no ha cuidado ni la estética de la película. Tipografía espantosa, unos créditos hechos con un tema por defecto -que nada tiene que ver con lo que se propone en la película- y unos efectos visuales que dejan muchísimo que desear. Si la nueva apariencia de Hulk nos perturbaba en exceso, cuando lo vimos haciendo movimientos propios de un Sim tuvimos que soltar una pequeña carcajada. Por otro lado, su batalla final. ¿Existe alguna coherencia en la escala de los personajes? ¿Mide Capitana Marvel cinco metros de largo? ¿Qué se debe tomar para remediar las náuseas que aparecen viendo planos de menos de un segundo de duración? ¿Qué hace ahí Pegaso? Un sinsentido.

«Endgame» puede ser entretenida en algunas ocasiones. Marvel ha sabido explotar de manera correcta la vis cómica de algunos de sus personajes y, aunque su humor siga encasillado en el clásico caca-culo-pedo-pis, es capaz de despertar la atención de un espectador que no es muy afín al género. Pero, como comentábamos, siendo objetivos podemos encontrarnos ante la peor película de la franquicia. No vemos un clímax efectivo, su guion tropieza cada cinco minutos y hemos terminado con espumillón de la butaca de cine debajo de las uñas de querer que termine esta película, porque sus tres horas no sirven más que para auto-endiosarse. Y atendiendo a cómo funcionan los premios de la Academia, no dudamos que «Endgame» se proclame como fuerte candidata para alzarse con la estatuilla más preciada, aunque como cinta no valga, erm, una mierda.

Hay cintas infinitamente más interesantes en cartelera, aunque solo lleguen a seis salas de cine

Nota: 4 / 10

Crítica: Nación Salvaje | Provocativa, explícita y millennial

Una rebelión millennial y feminista en la que suena desde Charli XCX hasta Miley Cyrus.

4 estrellas

2018 - Nación salvaje - Assassination nation - tt6205872 - Español«Esta la historia de cómo a mi ciudad, Salem, se le fue la puta olla». Desde su primer minuto, «Nación Salvaje» deja claro que no nos encontramos ante una cinta tradicional. Tras ello, vemos en pantalla distintas palabras -con los colores de la bandera estadounidense- tales que bullying, abusos sexuales, sexismo, homofobia, transfobia, clasismo, asesinatos, consumo de drogas, armas, racismo, nacionalismo, violaciones (e intentos de esta), tortura, violencia o egos masculinos frágiles. Sam Levinson (director de «Another Happy Day») no pierde ni un solo segundo en adentrarse de lleno en la experiencia que supone «Nación Salvaje». Narrada bajo la mirada millennial de la joven Lily, estamos ante una de las críticas sociales más explícitas y entretenidas que hemos podido ver en años.

Fácilmente descriptible como una mezcla ente «Spring Breakers» y «La Purga», «Nación Salvaje» narra la historia de cómo la ciudad de Salem (que debe su fama a los juicios de brujería a finales del siglo XVII) intenta llevar a cabo el asesinato de cuatro jóvenes tras el hackeo de la mitad de la población. Y es que, con la premisa de crear esta actualización millennial de una caza de brujas, la cinta va un paso más allá sacando a relucir todos los problemas que caracterizan a la sociedad estadounidense en tiempos actuales, merodeando entre géneros como la comedia e incluso el subgénero slasher.

Todo en «Nación Salvaje» ocurre con una energía envidiable, manteniendo la atención del espectador durante sus casi dos horas de metraje y convirtiendo la experiencia en toda una montaña rusa de emociones. Desde el thriller más excitante hasta la angustia de un home invasion, pasando por escenas que podrían haber sido extraídas directamente de «Chicas Malas». Si bien es cierto que en su escenas más dramáticas pierde algo de credibilidad -la película no necesita pararse en tramas que finalmente no trascienden-, su apartado más técnico es capaz de levantar de inmediato cada traspiés que pueda cometer su guion. Los colores azul, rojo y blanco predominan en casi todo el metraje, habiendo un hábil juego con los planos verticales (Snapchat, Instagram… ¿puede haber algo más millennial?) e incluso rotaciones de cámara de 180º en su eje vertical -especial atención a la escena en la que Bella Thorne baila con el resto de animadoras con una bandera tamaño XXL tras sus espaldas-.

Su reparto formado por Odessa Young, Hari Nef, Suki Waterhouse y Abra cumple con lo que solicita la cinta, siendo la primera capaz de llevar todo el peso de la trama sin dificultad alguna. Todas ellas, cómo no, caracterizadas a medio camino entre Regina George y Vanessa Hudgens en «Spring Breakers» -indudablemente, la cinta de culto adolescente del siglo XXI-, pudiendo encontrar entre estas chicas una complicidad adolescente esencial para el nacimiento del movimiento feminista que protagoniza «Nación Salvaje».

La cinta plasma bajo una visión explícita y utópica a una generación que caracterizará en cine en la próxima década, donde la privacidad es algo inexistente -aunque aún no nos atrevamos a reconocerlo- y donde se debaten temas tan actuales como identidad sexual -una de las actrices principales es una chica trans a la que debemos seguir muy de cerca-, los abusos sexuales e incluso la pederastia, teniendo este último gran peso dentro de la trama. Todo este desemboca en una rebelión millennial en la que suena desde Charli XCX hasta Miley Cyrus, al igual que la cinta de Harmony Korine hacía uso de «Everytime» de Britney para demostrar que los nacidos en los 90s están ya en una etapa de madurez avanzada y que la inocencia pertenece a una época pasada.

«Nación Salvaje» es un alegato feminista. Un cántico a una nueva generación que viene dispuesta a pelear por aquello que considera justo. Y no, no se trata de ofenderse, sino de ser capaces de abolir ideas arraigadas en la sociedad que no han sido discutidas durante décadas. Una película que no duda en criticar a un país que tiene a Donald Trump como presidente, que peca de hipócrita y donde predomina una masculinidad tóxica. Aún así, no deja de ser algo utópico: la voz en off de Lily comenta en los primeros minutos de la cinta que todo lo que ocurre es cierto mientras que, cuando las acciones bélicas lideradas por las cuatro protagonistas comienzan, se ironiza con que «esto no es una película». Un modo bastante eficaz de notificar lo que ocurre en el día a día y lo que no.

Pocas pegas podemos poner a «Nación Salvaje». Funciona como entretenimiento, es tan provocativa como propone y cumple todos los requisitos para convertirse oficialmente en una película de culto -hasta su crítica se encuentra polarizada-. Si bien es cierto que la dramatización de algunas de sus escenas está completamente fuera de lugar, los múltiples aciertos que contiene su guion son capaces de evitar que los errores acaben pasando factura. Una pena que haya llegado a tan pocas salas de cine en España.

Que el cine adolescente siga así, pues no puede ir por mejor camino.

Nota: 8 / 10

Crítica: Leaving Neverland

Michael Jackson y la pederastia. La historia que no quisimos afrontar a principio de los 90s. Ni de los 00s.

4 estrellas

MV5BYzZmNTBjOTctY2VjZi00MjA1LTgwYjktNmMwMzkwMjUwNmVhXkEyXkFqcGdeQXVyMzY0MTE3NzU@._V1_Entender «Leaving Neverland» como un documental puede ser algo erróneo. Dan Reed, director de esta serie de dos capítulos, no ha buscado una verdad absoluta ni se ha preocupado de manera explícita en ensuciar el legado de la fallecida estrella del pop. Se basta tan solo con los testimonios de Wade Robson y James Safechuck para hacer que estas cuatro horas ocurran de manera frenética y poder visualizarse incluso sin levantarse uno del sofá. Dos chicos acompañados de sus respectivas madres y algún que otro familiar, imágenes de archivo y una historia por todos conocida pero que, debido a distintos motivos, no supimos afrontarla de la manera correcta -o quizás, no quisimos-. Esto es, grosso modo, «Leaving Neverland», el documental del que todo el mundo habla esta semana.

«Leaving Neverland» cuenta la historia íntegra de dos chicos que tuvieron la oportunidad de conocer a Michael Jackson a finales de los años 80 y cuyas vidas se cruzaron con la del cantante. El documental empieza sin dar rodeo alguno: «Michael Jackson fue una de las personas más amables que he conocido. Me ha ayudado enormemente con mi carrera y mi creatividad. También abusó sexualmente de mí durante siete años«, afirma una de las víctimas. A partir de ahí, comienza la historia de ambos, siempre acompañada de vídeos, fotografías, faxes o regalos de la estrella a los niños. Y es que «Leaving Neverland» posee unos testimonios tan explícitos sobre la masturbación o la práctica de sexo oral a las que sometía a niños de tan solo siete años que supondrá una experiencia bastante chocante para el espectador. Y aquí es donde Dan Reed y su dirección omnipresente ganan la partida.

Michael Jackson ha sido una de las estrellas más polémicas de todos los tiempos. El intérprete de «Thriller» saltó a la fama con tan solo seis años junto a cuatro de sus hermanos mediante la banda The Jackson 5, siendo su vida totalmente pública de manera temprana y perdiendo la oportunidad de disfrutar de una infancia normativa. Este tema es algo muy recurrente en «Leaving Neverland», donde la descripción que se hace de Michael Jackson es tan creepy como cierta, recalcando numerosas veces el comportamiento infantil del cantante: su voz aniñada, el aura de inocencia que le rodeaba, cómo se reía de cosas cotidianas como si se tratase de un niño de cinco años… Michael era a primera vista un bebé y consiguió con esta actitud conseguir la aceptación de ambas familias. Parafraseando, «era prácticamente imposible que Michael Jackson pudiese hacer daño a un niño».

«Leaving Neverland» no se pierde en detalles externos a las palabras de Wade y James. La información aportada por ambos no queda contrastada ni para bien ni para mal. Sin ir más lejos, este documental sería más cercano a una sesión de terapia por parte de ambas víctimas que un documental ordinario. Esto juega a favor en «Leaving Neverland» ya que, a pesar de que el espectador puede decidir creer o no las palabras de ambos, uno consigue adentrarse de tal manera en el mundo de Robson y Safechuck que resulta imposible mirar hacia otro lado.

El juego de Dan Reed con el espectador es envidiable. Más allá de tomar o no sus testimonios como ciertos, Reed da un paso más allá conduciendo parte de la culpa a los padres y madres de las víctimas. Excusarse de dejar dormir a un niño de 7 años con un adulto de más de 30 puede ser de lo más repetido por parte de los padres a lo largo de estas cuatro horas. Así se abre un nuevo debate sobre si verdaderamente eran conscientes de lo que ocurría tras las puertas de las distintas habitaciones de Neverland o cómo hubiesen reaccionado de haberlo sabido antes de la muerte del artista.

Otro de los grandes dilemas surgidos a raíz del documental es «¿qué hacemos ahora con Michael?». Si bien es cierto que muchos artistas como Kevin Spacey, R. Kelly o Harvey Weinstein han visto como su imperio se desplomaba de manera inmediata, volvemos a discutir sobre dónde está el límite entre el artista y la persona. De esto hablaremos de manera tendida próximamente en The Rubiew.

En definitiva, «Leaving Neverland» es un recomendado documental que pone en duda el legado del artista, narrado de manera explícita y teniendo siempre la pedofilia como tema central. El cometido de «Leaving Neverland» no es otro que dar voz a las víctimas.

Nota: 7,7/10

Oscars 2019: Green Book se corona como Mejor Película y Bohemian Rhapsody consigue ser la cinta más premiada

La 91º edición de los Premios Oscars ha transcurrido de manera rápida pero lastrada por la ausencia de un presentador capaz de dirigir la gala. «Green Book» ha acabado dando la sorpresa alzándose con la estatuilla a mejor película y «Bohemian Rhapsody» ha conseguido hacer olvidar a los académicos todas sus polémicas convirtiéndose en la cinta más premiada de la noche con cuatro premios. Muchas cosas disparatadas han ocurrido en la noche más importante del cine, aunque casi todas ellas en el mal sentido de la palabra.

Si bien es cierto que nos encontrábamos ante la carrera más pobre en años, con cintas como «Ha Nacido Una Estrella» totalmente desinfladas pese a partir como clara favorita a finales de año, el enorme poder que podría haber aportado la excelente «Roma» a la Academia ha sido desaprovechado, consiguiendo tan solo tres estatuillas (mejor fotografía, mejor película habla no inglesa y mejor dirección). Lejos quedaron aquellos años en los que una cinta arrasaba en todas las categorías y además se alzaba con el premio gordo de la noche (tendríamos que remontarnos hasta 2009 con «Slumdog Millionaire»). En esta última década los premios han estado altamente repartidos y, si bien es cierto que «Gravity», «La La Land» o «Mad Max» conseguían más de seis premios, ninguna de ellas pudo cerrar la noche con la estatuilla a mejor película bajo el brazo (NdE: «La La Land» sí lo consiguió, pero tan solo durante un minuto).

El principal problema de este palmarés no ha sido otro que la falta de riesgo y, por qué no, rigor artístico. «Bohemian Rhapsody» es una película que no debería haber tenido cabida ni siquiera en las nominaciones para que haya acabado convertida en la mayor triunfadora de la noche. Premiar su montaje es ofensivo para aquellos que seguimos el cine de cerca, más aún cuando Lanthimos, Cuarón e incluso un acomodado McKey han hecho trabajos extraordinarios con «La Favorita», «Roma» y «El Vicio del Poder». Premiar una película que abusa del plano contra plano y que tiene una carencia de personalidad apreciable desde su primer minuto es insultante. En sonido le ocurre exactamente lo mismo. «Ha Nacido Una Estrella» tiene música en directo y, aún así, no se ha hecho con el premio Oscar a mejor mezcla de sonido, contando la cinta de ¿Bryan Singer? solo con escenas con el CD de Queen de fondo.

Pero ahí no acaban los disgustos que han protagonizado esta noche. «Black Panther» ha sido premiada como mejor banda sonora (habiendo cintas infinitamente mejores en este aspecto técnico), ha visto como sus disfraces se alzaban como el premio a diseño de vestuario y ha recibido la estatuilla a mejor diseño de producción, a pesar de lo plasticosa que puede resultar. Parece ser que Disney se ha esmerado con la payola este año.

Antes de entrar a debatir si es justo o no haber coronado «Green Book» como la mejor cinta del año, hablaremos de otras sorpresas que sí han podido ser del agrado de los espectadores que esperan la noche del cine hollywoodiense como agua de mayo. Olivia Colman se ha impuesto en la carrera a mejor actriz desbancando a la favorita Glenn Close, lo cual nos ha dejado con un sabor algo agridulce. También hemos visto reconocimiento a la plataforma Netflix mediante los tres premios de «Roma» y a su cortometraje documental «Period: End of Sentence», el cual recomendamos su visionado. En cuanto a animación, a Pixar se le ha escapado el premio a mejor largometraje frente a «Spider-Man: Un Nuevo Universo», que sin ser nuestra cinta favorita de la temporada, aplaudimos el riesgo artístico que ha tomado. Sin embargo, no se va de manos vacías: su lacrimógeno corto «Bao» se ha llevado la estatuilla a casa.

Todas las cintas nominadas a mejor película se han ido, al menos, con un premio bajo el brazo. «Infiltrado en el KKKlan» ha ganado el premio a mejor guion original, «El Vicio del Poder» consigue el galardón por su maquillaje y peluquería y «Ha Nacido Una Estrella» hace que Lady Gaga haga historia con «Shallow», habiéndose convertido esta noche en la canción más premiada de la historia (estaba empatada con «Formation»).

El problema de esta gala -y problema que La Academia lleva acarreando durante años-, es la falta de riesgo que toman en sus decisiones. «Green Book» puede ser una cinta agradable y simpática, pero es una película que no perdura en la retina del espectador tras su visionado. Sus enormes problemas de guion (el cual ha sido también premiado) hacen que acabe siendo hasta deleznable: pasa de puntillas por temas LGBTI+, hace creer que el racismo es un problema social del pasado y no puede tener técnicamente un corte tan sumamente tan clásico. «Green Book» es, atendiendo a las opiniones que se leen por redes sociales, «Paseando a Miss Daisy 2». Podría ser una cinta favorablemente valorable a finales de los años 80, pero no en pleno 2019. Menos aún cuando «Roma» se ha convertido un un clásico del cine gracias a su dirección intimista y la elegancia de la que está dotada todo el metraje. Cuando además está «La Favorita», una cinta con un riesgo técnico envidiable protagonizada por un trío de actrices de infarto. E incluso peleando contra «Infiltrado en el KKKlan», «Ha Nacido Una Estrella» o todas aquellas que no han pasado el corte (véase «Cafarnaúm», «Cold War» o «Un Asunto de Familia», todas nominadas a mejor película de habla no inglesa). Los Oscars deben dejar de depender de discursos transgresores y notificar ese cambio mediante sus ganadores. Dar a cintas pequeñas la posibilidad de adquirir una nueva vida más longeva y de hacer llegar un cine de mayor calidad al espectador que no sigue la carrera de cerca. La Academia debe dejar de ser complaciente con el espectador medio y debe comenzar a proponerle nuevos retos.

La gala, por suerte, ha dejado varios grandes momentos durante su transcurso. Los más notables serían la aparición de Melissa McCarthy cual protagonista de «La Favorita», la emotiva performance de «Shallow» y el discurso de una más que sorprendida Olivia Colman, que seguirá sin creerse que hoy duerme con la tan preciada estatuilla.

Obviamos la apertura con Adam Lambert. Es hora de que alguien le diga a ese chico que no interesa.

Dejamos la lista de los ganadores:

Mejor Película: Green Book

Mejor Director: Alfonso Cuarón (Roma)

Mejor Actriz Principal: Olivia Colman (La Favorita)

Mejor Actor Principal: Rami Malek (Bohemian Rhapsody)

Mejor Actriz de Reparto: Regina King (El Blues de Beale Street)

Mejor Actor Secundario: Mahershala Ali (Green Book)

Mejor Película de Lengua No Inglesa: Roma

Mejor Guion Original: Green Book

Mejor Guion Adaptado: Infiltrado en el KKKlan

Mejor Película Documental: Free Solo

Mejor Corto Documental: Period. End Of Sentence

Mejor Montaje: Bohemian Rhapsody

Mejor Dirección de Fotografía: Roma

Mejor Banda Sonora Original: Black Panther

Mejor Canción Original: Ha Nacido Una Estrella (Shallow)

Mejor Diseño de Producción: Black Panther

Mejor Diseño de Vestuario: Black panther

Mejor Maquillaje y Peluquería: El Vicio del Poder

Mejor Mezcla de Sonido: Bohemian Rhapsody

Mejor Edición de Sonido: Bohemian Rhapsody

Mejores Efectos Especiales: First Man

Mejor Película de Animación: Spider-Man, Un Nuevo Universo

Mejor Corto de Ficción: Skin

Mejor Corto de Animación: Bao

Estas han sido las películas más premiadas:

Bohemian Rhapsody: 4 premios

Green Book: 3 premios

Roma: 3 premios

Black Panther: 3 premios

La Favorita: 1 premio

El Vicio del Poder: 1 premio

Ha Nacido Una Estrella: 1 premio

El Blues de Beale Street: 1 premio

Infiltrado en el KKKlan: 1 premio

First Man: 1 premio

Spider-Man, Un Nuevo Universo: 1 premio

Period. End of Sentence: 1 premio

Bao: 1 premio

Skin: 1 premio

Free Solo: 1 premio

Crítica: Velvet Buzzsaw

Indudablemente, Netflix tiene el cine como tarea pendiente.

1.5 estrellas

MV5BMjExMDQ1NjMzOV5BMl5BanBnXkFtZTgwMjkxMzMyNzM@._V1_Netflix nos ha tomado el pelo, o al menos esa es nuestra sensación durante el visionado de «Velvet Buzzsaw«, la última cinta original de Netflix dirigida por Dan Gilroy («Nightcrawler», una de las películas más interesantes de esta década) y protagonizada por Jake Gyllenhaal o Toni Collette entre otros. «Velvet Buzzsaw» es, por decir algo, particular. Comienza siendo una película pedante sobre un crítico de obras de arte y una plaga de directores de galerías y, por sorpresa, se convierte en una cinta de terror donde los demonios toman presencia en pantalla y dan una serie de momentos absurdos que impiden que nos tomemos la película en serio. Y esa es solamente la premisa.

La película se caracteriza por unas interpretaciones infames. Jamás habíamos visto un cast tan sumamente mal aprovechado. Sin ir más lejos, si «Velvet Buzzsaw» aguanta hasta la siguiente temporada de premios, no descartaoms que Gyllenhaal acabe alzándose con el Razzie a peor actor. Tampoco se salva Toni Collette o Rene Russo. Y si piensas que es porque la película está mal doblada, no es así. Parece que los actores se han visto obligados por contrato a protagonizar esta película.

«Velvet Buzzsaw» se muestra obvia desde primer momento, no escondiendo los sentimientos de los personajes más planos vistos en los últimos años. Su guion no esconde la maldad que caracteriza a la dueña de una galería o lo insoportable que es el crítico («escucha mi mente brillante», llega a decir ese personaje). Tampoco es que visualmente se comporte de modo diferente: uno de sus personajes tiene tatuado «no death, no art» en su muñeca, molestándose Gilroy en mostrarlo cada cinco minutos vaya que te pierdas entre todos los tecnicismos utilizados en la película que, sorpresa, no aportan nada.

Y, tristemente, hay poco más que destacar de esta cinta. Si bien es cierto que podría haberse comportado como una obra visual (Nicolas Winding Refn es un maestro en esto), todos los escenarios quedan escuetos en pantalla y sin gancho alguno para que al menos el espectador se ponga analizar lo que aparece en pantalla. No hay nada atractivo en «Velvet Buzzsaw».

Prepárate para levantarte a por un vaso de agua, ir al baño, hacer la colada, una mudanza o ponerte de parto. Aunque la película no alcance las dos horas de metraje, cada dos minutos encontrarás la excusa perfecta para detener el visionado y retomarlo más adelante.

Nota: 3 / 10