
«Joker» es una de las grandes decepciones de este año. Lo que prometía ser un drama intimista sobre, probablemente, el mejor villano que se haya podido trazar en un cómic, ha quedado en un mero quiero-y-no-puedo por parte de DC. Y es que ni la magistral interpretación de Joaquin Phoenix ha podido salvar esta cinta, la cual peca de poca coherencia en su dirección, un guion completamente plano y, por qué no, una inteligencia artística muy limitada. ¿Sabéis eso de hablarle a un ex y convertirse de manera inmediata en el emoji del payaso? Pues eso mismo nos ha ocurrido, habiendo caído en la trampa que supone este «Joker». Intentar hacer que nuestra relación con DC funcione es algo imposible.
Anonadados ante la belleza que mostraba el primer tráiler de la cinta, uno imagina que «Joker» va a suponer un antes y un después dentro del género de superhéroes, llevándolo más allá de esas poco excitantes fiestas de pirotecnia, los disfraces de Disfrazmanía.com y el carente talento de sus actores para la interpretación (¡sorpresa! ¡Chris Pratt no es buen actor!). Uno cae de lleno en esta farsa cuando ve a Joaquin Phoenix, cuya filmografía como actor es sensacional, encarnando al villano más famoso de todos los tiempos, uno de los los más carismáticos que hemos podido ver en pantalla y con el mayor número de capas y matices. Cuando Todd Phillips (director de «Resacón», «Resacón 2: Ahora En Tailandia», «R3sacón») muestra en el trailer planos que ya habíamos visto antes en obras maestras como «Cisne Negro», aumenta el hype a la espera de una película excelente. Pero cuanto más alto sube uno, más grande es la hostia que se lleva al final. Y eso es, querido lector, lo que nos ha pasado.
Lo de «Joker» no tiene nombre. Hacía mucho tiempo que no veíamos una película con tantísimas carencias en su apartado de dirección y con un guion tan mal elaborado. «Joker» ha buscado desde un primer momento convertirse en una película épica a través de escenas de Joaquin Phoenix bailando, primeros planos y un torpe pero a veces efectivo juego de luces. Ese aura pseudo-independiente de la cual se rodea se pierde por completo cuando «Joker» se desvela como una de las cintas más obvias que hemos visto en años. Una película que trata al espectador como un mero subnormal. Una película que utiliza esa atmósfera tan propia del thriller, que juega a ser oscura, psicológica e intimista pero que acaba vendiéndose al espectador medio de Marvel. Y no a ese espectador que disfruta la película sabiendo que no es la gran obra maestra del cine, sino al que puntúa «Endgame» con un 10.
Era muy difícil hacer de Joker un personaje plano, pero Todd Phillips lo ha conseguido a través de escenas que no llevan a absolutamente ningún lado. No existe ninguna evolución en su personaje, haciendo que el clímax de la película llegue sin ninguna razón excesivamente clara. Esa búsqueda de la aceptación que se plantea desde el comienzo de la trama no consigue ser siquiera el hilo conductor de esta película. ¿La escena de la escaleras? Una combinación de planos cutrísima que no cuenta absolutamente nada. Todd Phillips ha jugado a ser Darren Aronofsky, Stanley Kubrick y Quentin Tarantino a la vez, pero ha resultado ser una copia barata de Christopher Nolan.
La película ocurre de manera lenta involuntariamente debido a la torpe presentación de sus personajes y la sucesión de escenas tan irrelevantes que componen su metraje. Es decir, «Joker» es lenta sin delicadeza alguna. Hagamos una odiosa comparación con una de las mejores cintas que actualmente se encuentra en cartelera: «Relato de Una Mujer en Llamas». La cinta francesa es lenta y muy pausada, quizás como mera metáfora del trabajo que supone pintar un lienzo, donde sus personajes son trazados con un pincel muy fino, delicado y astuto. «Joker» es «Paint Racer«, aquel rodillo que podías rellenar de pintura que aparecía en la teletienda, con el que pintabas muy rápido pero tardabas seis horas en limpiar el artilugio. Una comparación un poco rara, pero efectiva.
La nula evolución de sus personajes, el hecho de que parezca que vaya a finalizar cada cinco minutos -no sabe siquiera a dónde quiere llegar-, la inclusión de ciertos personajes para emocionar al fan más básico… Uno se queda completamente nublado cuando sale del cine, incapaz de pensar en los aciertos que puede cometer esta película. Poner al personaje principal a bailar música que evoca un sentimiento de nostalgia es un acierto. Hacerlo cada tres minutos, no lo es. Indudablemente, «Joker» es la «Bohemian Rhapsody» de este año.
Nota: 4 / 10

El tiempo pasa, pero no para Jesse Eisensberg, Woody Harrelson y Emma Stone, quienes parecen haber hecho un pacto con el diablo en esta última década. Han pasado diez años desde que esta cinta cómica sobre zombies se convirtiese en todo un fan-favorite para los cinéfilos y amantes del género, pero mientras el resto de mortales envejecemos, ellos siguen completamente intactos. De no ser por Abigail Breslin, podríamos llegar a pensar que esta secuela fue grabada inmediatamente después de terminar el rodaje de la primera parte. Pero, lo más importante, es que este «Zombieland: Mata y Remata» es tan divertida como la primera película.

Quentin Tarantino estrenó el pasado jueves su novena película, «Érase Una Vez En Hollywood«, una cinta que no destacó en exceso durante el festival de Cannes y de la que el director afirmó preparar un nuevo corte (aún) más extendido para su proyección en cines. Por suerte, parece que tanto la prensa especializada que se encontraba en la ciudad francesa como el público han disfrutado de los mismos 161 minutos de metraje que nos ha ofrecido esta diva del cine. Y no. No hablamos de Margot Robbie, sino del propio director.
Que no cunda el pánico. «Toy Story 4» sigue siendo una muy buena película de animación. Sin embargo, sus antecesoras son el mayor de sus handicaps. Ser la cuarta entrega de una de las mejores sagas de la historia del cine ponía el listón excesivamente alto, más aún cuando la película estrenada en 2010 conseguía cerrar de manera soberbia la que sería hasta entonces la trilogía más famosa de animación. ¿Hace esta nueva entrega justicia a la saga? Sí. ¿Es innecesaria? Esta pregunta es más compleja: si bien es cierto que no sigue la línea que proponen las tres primeras cintas, «Toy Story 4» no brilla tanto como debería.


Netflix estrenaba la pasada semana una comedia poco efectiva protagonizada por las cuatro actrices españolas de siempre. «A Pesar de Todo» cosechaba malas críticas por los medios especializados y también a través de redes sociales pero, tras su visionado, uno descubre que es aún peor de lo que ha leído. La comedia nada graciosa dirigida por Gabriela Tagliavini puede ser homófoba, absurda, inverosímil y estereotipada a partes iguales. Estamos hablando, probablemente, de la peor película que hayamos visto en los últimos meses. Al menos esta tortura tan solo dura una hora y veinte minutos.
«Vengadores: Endgame» estará presente en

«Esta la historia de cómo a mi ciudad, Salem, se le fue la puta olla». Desde su primer minuto, «Nación Salvaje» deja claro que no nos encontramos ante una cinta tradicional. Tras ello, vemos en pantalla distintas palabras -con los colores de la bandera estadounidense- tales que bullying, abusos sexuales, sexismo, homofobia, transfobia, clasismo, asesinatos, consumo de drogas, armas, racismo, nacionalismo, violaciones (e intentos de esta), tortura, violencia o egos masculinos frágiles. Sam Levinson (director de «Another Happy Day») no pierde ni un solo segundo en adentrarse de lleno en la experiencia que supone «Nación Salvaje». Narrada bajo la mirada millennial de la joven Lily, estamos ante una de las críticas sociales más explícitas y entretenidas que hemos podido ver en años.
Entender «Leaving Neverland» como un documental puede ser algo erróneo. Dan Reed, director de esta serie de dos capítulos, no ha buscado una verdad absoluta ni se ha preocupado de manera explícita en ensuciar el legado de la fallecida estrella del pop. Se basta tan solo con los testimonios de Wade Robson y James Safechuck para hacer que estas cuatro horas ocurran de manera frenética y poder visualizarse incluso sin levantarse uno del sofá. Dos chicos acompañados de sus respectivas madres y algún que otro familiar, imágenes de archivo y una historia por todos conocida pero que, debido a distintos motivos, no supimos afrontarla de la manera correcta -o quizás, no quisimos-. Esto es, grosso modo, «Leaving Neverland», el documental del que todo el mundo habla esta semana.

Netflix nos ha tomado el pelo, o al menos esa es nuestra sensación durante el visionado de «Velvet Buzzsaw«, la última cinta original de Netflix dirigida por Dan Gilroy («Nightcrawler», una de las películas más interesantes de esta década) y protagonizada por Jake Gyllenhaal o Toni Collette entre otros. «Velvet Buzzsaw» es, por decir algo, particular. Comienza siendo una película pedante sobre un crítico de obras de arte y una plaga de directores de galerías y, por sorpresa, se convierte en una cinta de terror donde los demonios toman presencia en pantalla y dan una serie de momentos absurdos que impiden que nos tomemos la película en serio. Y esa es solamente la premisa.