Festivales Música

Crónica: Weekend Beach Festival 2019

Resumen día a día de todo lo que ha ocurrido estos días en Torre del Mar. Triunfan Rozalén, Zoo y Ska-P.

Ha sido una semana brillante para Torre del Mar. El festival Weekend Beach ha logrado conquistar a más de 150.000 “weekers” gracias al impresionante abanico de opciones que ofrecía la organización a lo largo de estos cuatro intensos días de conciertos. Sus asistentes se agrupaban en todos los modos que uno puede imaginar: desde grupos de adolescentes hasta familias, pasando por un grupo de amigas de despedida de soltera disfrazadas de sirenas. Había cabida para todo aquel que estuviese dispuesto a disfrutar al ritmo de los mejores artistas del momento. Esto es todo lo que ha ocurrido a lo largo de estos días.

MIÉRCOLES, 3 DE JULIO

El festival ofreció una bienvenida de lo más divertida para todos sus asistentes. El escenario Weekend Brugal contó con grandes nombres como unos espectaculares Aslándticos, Nikone o PJ Sin Suela, aunque los que verdaderamente fueron capaces de conquistar a toda la multitud fueron Los Mojinos Escozíos y La Pegatina.

Los Mojinos Escozíos ofrecieron un show muy televisivo y noventero, caracterizado por ese humor cuñadista y algo caca-culo-pedo-pis que los caracteriza. A través de himnos como “Las Niñas de La Salle” el público cantaba, saltaba y se enloquecía como hacía tiempo que no veíamos. El grupo de El Sevilla ofrecía buenas interpretaciones de sus canciones mientras su vocalista ofrecía eructos a modo de interludio que volvían loco al público -desagradable, pero efectivo-. Y es que, aunque uno no sea especialmente fan de este grupo, la diversión está garantizada. Pedir a un grupo tan “Noche de Fiesta” una actualización sería hacerles perder su esencia a pesar de lo machistas y homófobos que puedan ser algunos de sus chistes. Aunque esto va más allá del papel que desempañaron la noche del miércoles en Torre del Mar.

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En el otro lado de la moneda, La Pegatina, que contaron con un espectáculo sumamente colorido y esperanzador, a través de sus melodías adictivas y disfrutables a partes iguales. La Pegatina además ofreció una grata sorpresa para los fans de Operación Triunfo invitando al escenario a Marta (OT 2018), quien rebosó naturalidad y demostró estar disfrutando del festival como una niña pequeña -y confirmamos, pues estaba justo a nuestro lado durante otros conciertos-. Indudablemente, La Pegatina se ha convertido en uno de esos grupos must de cara los festivales gracias al dinamismo que pueden llegar a aportar en noches de bienvenida como la del miércoles. Este Weekend Beach no pudo empezar con mejor pie.

JUEVES, 4 DE JULIO

El Escanerio Torremar Victoria -el principal y donde actuarían los grandes pesos pesados del festival- comienza a funcionar y da el verdadero pistoletazo de salida al festival. Desde primera hora de la tarde, ya podías escuchar a numerosos grupos de jóvenes -y no tan jóvenes- hablar con énfasis sobre Ozuna. Si embargo, no fue él quien ofreció el mejor concierto de la noche.

Aquí los verdaderos ganadores fueron los chicos valencianos de Zoo, una de nuestras grandes sorpresas de este año y que no nadie debe perderse de cara a los próximos festivales. En primer lugar por su magistral funcionamiento como grupo: el vocalista (Panxo) posee casi el mismo peso el que el chico del trombón, siendo ambos imprescindibles como parte de performance. A través de su rap y de sus ritmos puramente ska, Zoo conquistó a todo el público, que bailaba, cantaba en pseudo-valenciano, se dislocaba el cuello mediante increíbles movimientos de cabeza y realizaba pogos en los que uno se tenía que meter sí o sí. Podemos afirmar que estos chicos han ofrecido uno de los mejores conciertos de esta semana.

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Otra gran sorpresa fue Fuel Fandango, completamente desconocidos para quien escribe esta crónica. Lastrada por compartir horario con Ozuna, había una notable diferenciación del público en ambos escenarios -y qué pena habernos cambiado de bando-. Aprovechamos para disfrutar al menos media hora de su repertorio y quedamos completamente fascinados por la performance, las canciones y la interpretación vocal ofrecida por Cristina Manjón, capaz de dejar por los suelos hasta a la mismísima Rosalía. Su sonido completamente innovador y que bebe directamente desde el flamenco más puro -el taconeo ofrecido en directo era una absoluta maravilla-, nos encandiló desde el minuto uno. ¿El mayor fallo? Indudablemente el nuestro por abandonar semejante espectáculo para poder disfrutar de Ozuna.

El monstruo del streaming Ozuna te obligaba a quedarte cerca de tus amigos toda la noche porque no podrías volver a encontrarlos. Aún estando a metros y metros del cantante, tal era la cantidad de público que asistió al mayor evento del festival que era imposible hasta perrear -y no estábamos precisamente en primera fila sino casi al final-. “Nos ponemos en este lateral”, me decían. Al segundo habían llegado diez grupos de veinte personas y habíamos dejado de ser el lateral. Con un aceptable retraso de veinte minutos, Ozuna demostró ser más un artista de discoteca que de conciertos, aunque aquí culpamos más a su público que a la labor que realizó el cantante. Sus canciones son puros himnos para la generación millennial, pero estos prefieren compartir el momento a través de redes sociales que disfrutar del concierto. “Criminal”, “Baila, Baila, Baila”, “Te Boté”, “Vaina Loca”… Estas canciones necesitan a un público entregadísimo y dispuesto a bajar hasta el suelo, no a miles de adolescentes que posan para sus stories de Instagram.

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No fallaron, eso sí, los chicos de SFDK, que ofrecieron un show contundente y con las típicas sorpresas que nos ofrecen los sevillanos. Ver a todo el Weekend Beach coreando “Yo Contra Todos”, “Despacito Pero Voy” -una alegría para aquellos fans acérrimos, pues no es uno de sus temas más populares-, “El Liricista en el Tejado”, “Agua Pasá” o “Bajo el Mismo Sol”, que contó con el majestuoso Little Pepe, fue un absoluto regalo para los weekers.

Indudablemente, SFDK supuso un broche final para la jornada del jueves magistral. Pero el Weekend Beach todavía tenía varios ases bajo la manga.

VIERNES, 5 DE JULIO

Llegamos al Escenario Torremar Victoria con cierto miedo: Becky G actúa a las ocho de la tarde y nos tememos un Ozuna 2.0. Por suerte, no fue así. Aunque el recinto estaba completamente ocupado, aún había sitio para bailar “Mayores” o “Sin Pijama”. La ex-power ranger amarillo apareció en el escenario con veinte minutos de retraso y ofreció un espectáculo bastante escueto: tan solo cuarenta y cinco minutos. Y aquí es donde reside el mayor problema de Rebecca García: a pesar de estar sonando en la radiofórmula 24/7, gran parte de sus éxitos son colaboraciones. ¿Podría sostenerse un concierto de Becky G sin Bud Bunny, Natti Natasha o C. Tangana? La respuesta a tu pregunta es sí, pero había que cortar por lo sano muchos de los temas. Cuando empiezan a sonar los primeros segundos de “Booty”, el público ruge y se desvive dándolo todo -sí, mucho más entregado que con Ozuna-. Becky G, además, se mostraba mucho más cercana con su público, incorporando a su espectáculo una buena dosis de coreografía a pesar de que sus visuales parecían haber sido realizados con Power Point. La retahíla de temas que G propuso era infalible: “Mayores”, “Sin Pijama”, “Cuando Te Besé”, “Mala Mía”, “Banana”… Cero baladas: aquí se viene por el petardeo. Pero si hay un momento que no podremos eliminar jamás es a ese público gritando “A por el bote, oé” y Becky G dando las gracias por ello totalmente perdida. En definitiva, “lo bueno, si breve, dos veces bueno“.

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Turno del clásico Juanito Makandé que, sin ser santo de nuestra devoción, demostró saber cómo funcionan los festivales a la perfección. Sin grandes alardes y manteniéndose inmóvil durante todo el concierto, ofreció uno de esos momentos chill que uno necesita cuando lleva días durmiendo cuatro horas diarias. ¿Único problema? Que fue demasiado poco emblemático: quizás le haría falta un buen speech tal y como haría Rozalén el siguiente día. Pero tranquilos, sevillanos del mundos: cantó “Niña Voladora”.

Y llegamos a una de las grandes sorpresas de la noche. Si leéis algunos de los posts de nuestra web, os sorprenderá que uno de los conciertos que más hemos disfrutado en estos días es el de Ska-P. Sí. Aunque hablemos de Miley Cyrus, Ariana Grande o Nicki Minaj de manera periódica, Ska-P fue una de las experiencias musicales más divertidas a las que hayamos asistido jamás. Las razones fueron muchas: desde innovar en el concepto de concierto integrando un carácter teatral desternillante hasta los excelentes visuales que acompañaban a la banda. Es por eso por lo que temas como “Jaque Al Rey” consiguen elevarse hasta puntos insospechables a través de esos “no me toques los borbones” y esa recreación desafiante de Franco bailando en las pantallas -y en el escenario-.

La noche acaba -para nosotros- mediante Bad Gyal, que decide aparecer media hora tarde y que sufre problemas de vestuario tras la primera canción. Una reina del autotune a la que vimos completamente perdida sobre el escenario. Acompañada por cuatro bailarinas completamente vestidas en colores fluorescentes (la frase “me llevo el flúor porque está muy quemado” de King Jedet en “Paquita Salas” suena en nuestras cabezas), Bad Gyal ofrece un show bastante irregular: su actitud demasiado pasota hace que el público se aburra, más aún si hace un descanso cada tres canciones. Coreografías tocándose el toto, un poco de twerk y tres palabras cantadas. Bad Gyal repite estos tres pasos durante toda la performance, intercalando un breve descanso cada diez minutos (intuimos que querría fumarse un petardo). Por otro lado, el hecho de que sea ella la que se proclame como un genio de manera tan repetida. ¿Hace Bad Gyal canciones adictivas? Sí, pero de ahí a ser un genio hay un abismo. Como Gyal no se ponga las pilas, en dos años va a acabar como un juguete roto de la industria considerando la enorme ola de cantantes traperas que nos ofrece la actualidad.

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SÁBADO, 6 DE JULIO

El último día de festival lucía un cartel irresistible. Los resultados estuvieron a la altura a través de los nada prudentes Sexy Zebras, la buena performance por parte de Antílopez y Ayax y Prok, que derrocharon una enorme cantidad de energía a través de temas como “Reproches”, “Mi Barrio Huele a Widow” o “Polizzia”. Sin embargo, hay tres artistas a los que debemos prestar especial atención.

No nos tiembla el pulso al decir que Rozalén ha conseguido el mejor concierto de la semana. El equilibrio perfecto entre buena interpretación, integridad con su banda y un repertorio sublime -aunque no conocíamos muchas de las canciones, funcionaba como un reloj-. Rozalén se ha mostrado muy agradecida por la oportunidad que le ha otorgado el Weekend Beach y evidencia constantemente tener los pies en el suelo. Ese speech antes de “Justo” en el que se abría en canal y agradecía a todo el público que disfrutaba todas y cada una de las canciones, mostraba a la mejor artista que podríamos esperar: humana y concienciada con todo lo que ocurre a su alrededor. Y es que ese “Justo” nos ponía la piel de gallina, mientras “Comiéndote a Besos” hacía que toda Torre del Mar cantase su canción al unísono, “La Puerta Violeta” demostraba ser uno de los grandes éxitos de la albanense y “Girasoles” se proclamaba como un himno pop divertidísimo e irresistible. Este Weekend Beach ha hecho que nos enamoremos locamente de Rozalén. Y para eso están los festivales. Solo podemos dar las gracias a la cantante y a todo su equipo.

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No corre la misma suerte Beret, capaz de inventar una escala musical completamente nueva debido a su poca experiencia en escenarios -o quizás sea simplemente él-. A pesar de los múltiples éxitos que ha conseguido lograr a través de la radiofórmula, “Lo Siento”, “Te Echo” o “Me Llama” queda como un simple chiste por muy alto que coree su público. Y es que, cuando uno piensa que puede que se trate de un in-ear mal configurado, Beret recupera el tono en una parte de la canción y se pierde por completo entrado el estribillo. No ocurre lo mismo con su corista, que canta el estribillo de manera perfecta (sería “superstar” si estuviésemos jugando al SingStar). Una pena para aquellos que decidiesen no ver a Vetusta Morla, cuyo directo fue sublime.

Tras el final de aquello que ofreció Beret, nos adentramos al escenario principal y esperamos más de 40 minutos para poder ver a los chicos de Black Eyed Peas. Con las expectativas algo bajas -pues no consiguen un éxito desde hace nueve años-, la espera se nos hace insufrible debido a aquel DJ que intenta amenizar al público. El concierto empieza con “Let’s Get It Started” (*pretends to be shocked*) y continúa rescatando las canciones de sus dos últimos discos: “The E.N.D.” y “The Beginning”. Suenan temas como “Imma Be”, “Rock That Body” o el pelotazo “Boom Boom Pow”, aunque ninguno de ellos consiguen hacer arrancar el espectáculo y la gente está más preocupada de preguntar “¿dónde está Fergie?” que de disfrutar de canciones que, realmente, nunca han sido un éxito en España (“Boom Boom Pow” fue un mega-hit en USA, pero era un sonido al que España todavía no estaba acostrumbrada). Es “Bump It” la canción que se encarga de levantar a todo su público y hacer que disfruten de este último día en el festival, confirmándose como el mejor tema machacón de la banda a día de hoy. Más adelante, will.i.am decide marcarse su propia DJ session a través de “#thatPOWER”, “Scream & Shout” o “This Is Love”.

A la pregunta de “¿dónde está Fergie?” nos responden en el ecuador del concierto mostrándonos a su nueva cantante, que es relevante pero no mucho. Black Eyed Peas ha recortado sus canciones y han oprimido los versos de Fergie. ¿Qué ocurre cuando Fergie canta el estribillo principal como ocurre en “Just Can’t Get Enough”? Que aparece esta nueva chica algo estridente cantando su parte. Será la nueva cantante, pero solo cuando sea imprescindible. Black Eyed Peas, por ahora, es un trío. El concierto cierra con un precioso “Where Is The Love?” y una ya pasada de moda “I Gotta Feeling”, que repite su estribillo final unas cinco veces mientras will.i.am intenta hablar español, pronuncia “Ma-lá-ga” y usa las palabras “Barcelona” y “España” en la misma frase. Como resultado, obtuvimos un concierto que funcionaba como un reloj en su segunda mitad y que, al menos, hacía que el sabor de boca con el que uno abandona el escenario no fuese agridulce. Hay aún algunos detalles por pulir, pero teniendo en cuenta el papel que ha desarrollado BEP en esta década, podemos darnos con el canto en los dientes. Siguen siendo relevantes gracias a todos los éxitos que escribieron en la primera década de este siglo.

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Y así es como finaliza el Weekend Beach Festival, dejándonos unos días magníficos cargados de música y buen ambiente de festival.

Y aprovechamos para dar las gracias a los organizadores del festival por dejarnos ser parte de este Weekend Beach. Esperamos poder vernos el año que viene, pues el Weekend Beach 2020 ya ha sido confirmado.

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