Crítica: Call Me By Your Name

call-me-by-your-name-posterQuererse a uno mismo es algo muy importante. Valorar nuestro trabajo y dedicación, ser constante y consecuente con todas las acciones que llevamos cabo y sentirnos orgullosos de nuestro resultado final no es fácil. Sin embargo, existe una delgada línea que, si la cruzas, convierte todo este proceso en puro egocentrismo estropeando el resultado final (a no ser que seas Mariah Carey, claro). Esto es, grosso modo, lo que ocurre con “Call Me By Your Name“, película dirigida por Luca Guadagnino que aspira a cuatro estatuillas el próximo 4 de marzo, incluyendo mejor película.

Call Me By Your Name” es una de las películas más destacadas de la temporada. Basada en la novela homónima, la historia narra las vacaciones de verano en Elio, un chico de diecisiete años que se verá acompañado durante una temporada por Oliver, un estudiante de post-grado de veinticuatro. La cinta de Guadagnino se forma a través de emociones tan básicas como la efervescencia sexual, un (primer) amor de verano e incluso las relaciones familiares, todo esto narrado a través de metáforas que podrían ser propias de Lars von Trier y un dúo interpretativo capaz de funcionar de manera magnífica.

La contraposición de dos paletas de colores caracterizadas por temperaturas opuestas e incluso la decisión de grabar en analógico (provocando un ruido precioso en su fotografía) aportan a la cinta pequeñas pinceladas del género indie-alternativo, al cual pertenece si analizamos su presupuesto. Sin embargo, y empezamos a comentar cada una de las frases que abren esta crítica, la cinta italiana comienza así un viaje de amor propio que, lamentablemente, le acaba pasando factura. Su duración innecesaria, la torpe densidad que presentan algunas de sus escenas e incluso algunos momentos en los que el espectador se siente casi obligado a derramar una lágrima son quizás los tres errores más remarcables de la película.

La historia está narrada con un tacto increíble, y eso es innegable. “Call Me” presenta astucia en su guión obligándonos a esperar el clímax hasta más de la mitad de la cinta y desembocando así en una infinidad de emociones con las que es imposible no identificarse. Todo esto acompañado de un siempre magnífico Sufjan Stevens, del cual destacamos hasta sus remezclas. Sin embargo, y aunque la película se sitúe a principios de los años 80, su guión presenta una delicadeza excesiva, provocando incluso cierta inverosimilitud en alguna de sus escenas. Si la intención del director era normalizar la relación entre dos chicos, remarcando además su diferencia de edad estúpida (estamos hablando de tan solo siete años), no lo ha conseguido.

Una de las grandes características de “Call Me By Your Name” es presentar siempre la visión del joven Elio, a quien da vida un espléndido Timothée Chalamet. El joven actor se ha convertido a día de hoy en una de las grandes promesas de cine gracias a una interpretación cargada de naturalidad que explota con un primer plano magnífico en su escena de créditos. Todas las demás interpretaciones quedan completamente eclipsadas si aparece en pantalla. A pesar de eso, Armie Hammer cumple con su papel demostrando una química con el personaje principal mágica.

Sin lugar a dudas, es una pena que un trabajo tan especial como este acabe siendo chafado por una duración innecesaria o conversaciones forzosamente lacrimógenas. ¿Es una gran película? Por supuesto, pero nada que no hayamos visto antes. Quizás sea hora de apreciar más cintas como “Weekend”.

Nota: 7,5 / 10

 

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