Crítica: La Llamada

la_llamada_66785Tras pasar de un pequeño hall de aforo muy limitado a llenar semana tras semana el Teatro Lara de Madrid, Javier Calvo y Javier Ambrossi, creadores de “La Llamada”, vieron cómo esta obra tenía posibilidades de abarcar mucho más allá del terreno teatral. El pasado mes de septiembre llegaba a las salas de cine (aunque no muchas) el largometraje “La Llamada“, dirigido por sus creadores y protagonizado por cuatro actrices que previamente habían dado vida a sus respectivos personajes encima de un escenario. Pero, ¿funciona la obra de teatro como película?

La Llamada” nos situa en “La Brújula”, un campamento de carácter religioso situado en Segovia. Allí conoceremos a María y Susana, dos chicas amantes del electro-latino y componentes del grupo SUMA Latina que harán de las suyas para escaparse por la noche del campamento para acudir al concierto de su ídolo Henry Mendez. Sin embargo, todo se vuelve patas arriba cuando María recibe la llamada de Dios mediante canciones de Whitney Houston.

Así de loca es “La Llamada”, una comedia musical que hará que el público se entregue a ella como hacía años que no veías (quizás con “Kiki: El Amor Se Hace” o, echando la vista atrás, “Mamma Mia!”). Risas constantes e incluso lágrimas en sus momentos más emocionalmente dramáticos hacen de esta película todo un fenómeno. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce.

La ópera prima de los Javis, nombre por el que se conocen a los creadores y directores de la obra, abarca temas como la religión (siempre en un primer plano), el despertar sexual e incluso el paso de tiempo, aunque tratados de la manera más blanca posible. A pesar de ser una película en la que las monjas reciben un peso importante y Dios se muestra como una gran diva del pop (algo muy kitsch), “La Llamada” se aleja de la doble moralidad que puede llevar consigo el cristianismo o la existencia del protagonista del mayor best-seller de todos los tiempos, “La Biblia”. No es el cometido de este largometraje acercarnos la religión cual testigos de Jehová, sino simplemente situarnos en un terreno poco convencional con el fin de alocar todas y cada una de las situaciones que ocurrirán en el campamento. “La Llamada” es un llamamiento al descubrimiento personal y, de manera quizás demasiado idílica, animarnos a cumplir nuestros sueños en realidad y no tener miedo a luchar por ellos.

Con cuatro personajes femeninos al frente, dos jóvenes y dos monjas, la obra también sirve como alegato feminista para un panorama cinematográfico español en el que predominan los personajes masculinos. No esperábamos menos de los creadores de la correcta “Paquita Salas”. Macarena García, ganadora del premio Goya por su enorme papel en la versión de “Blancanieves” de Pablo Berger, es la encargada de llevar el peso total de la película. A pesar de sus años de ensayo con su personaje María, la actriz queda totalmente eclipsada por sus compañeras de reparto. García no convence como joven alocada y amante del electro-latino, su voz no está a la altura para tratarse de un musical y ella resulta excesivamente cursi como para consumir de manera habitual metanfetamina en una discoteca. Quizás sea la actitud políticamente correcta que demuestra en todas y cada una de las entrevistas la que nos haga considerarla como la Anne Hathaway patria pero, si fuimos capaces de empatizar con una Fantine completamente destrozada, deberíamos haberlo hecho con una María que se encuentra hasta arriba de drogas. Por otro lado, encontramos a Anna Castillo dando vida a una chica muy de barrio amante de la tienda Bershka. De nuevo, vocalmente muy discutible, a pesar de las voces han sido grabadas previamente en un estudio en casi todas las escenas. ¿Qué hubiese pasado si se hubiese usado la misma técnica que en “Los Miserables”? Pues, seguramente, hubiésemos hecho un throwback a aquella gala de Operación Triunfo en la que Esther Aranda se convirtió en el mayor hazmerreír de España. Si analizamos la capacidad interpretativa de Castillo, cumple con creces las expectativas, aunque también queda eclipsada por dos actrices de reparto que arrancan todas y cada una de las carcajadas que escucharás en la sala de cine.

Belén Cuesta, encargada de dar vida a la monja Milagros, lo ha vuelto a hacer. La actriz que conocimos en el late night dirigido por Buenafuente vuelve a brillar con luz propia tal y como lo hacía en la última película dirigida por Paco León. La naturalidad con la que interpreta al personaje acompañada por la aparente improvisación que emerge a su alrededor hacen de Belén una de las mayores razones por las que ver “La Llamada”. Y es que, a pesar de que la hemos visto decir frases tan míticas como “yo me tomo dos cervezas y es que le como la boca hasta a mi madre”, Cuesta se adentra en su rol de monja puramente entrañable (e infeliz) de tal manera que no encontramos un solo ápice de personajes anteriormente interpretados. Por último, Gracia Olayo con una maravillosa Sor Bernarda, que bebe de grandes clásicos del cine español como “Sor Citroen” y nos muestra a una mujer estancada en su época que deberá actualizarse para no ser consumida por las nuevas generaciones.

Los Javis se han atrevido a mostrar a Dios como una figura excéntrica e intocable. “Nuestro Señor” se presenta como un verdadero showman, creador de grandes espectáculos en el que participan enormes juegos de luces, una escalera interminable y trajes muy propios de una versión masculina de Mariah Carey. Además, no existe interacción física entre el personaje de María (María la joven drogadicta, no Carey) y Dios; solo comunicación verbal entre ellos a pesar de encontrarse en el mismo espacio. Sin embargo, Ambrossi y Calvo se lavan las manos y tampoco muestran mucho más de este. Todo lo que sabemos sobre este personaje lo conocemos a través del personaje de Macarena García.

¿Y dónde reside el problema de “La Llamada”? En querer ser excesivamente complaciente con el público al que va destinado. El mayor caso se da con la inclusión de la homosexualidad en el guión, totalmente metido con calzador. Es entendible que los Javis, como icono LGTBI+, hayan decidido no obviar un tema tan a la orden del día como este, pero no lo han hecho del modo indicado y más aún sabiendo que esta obra no ha sido escrita a contrarreloj. También sucede con la parte religiosa: “La Llamada” ha mostrado una visión del cristianismo excesivamente idílica, abarcando solamente los principios socialmente más aceptados pero alejándose de su parte más machista, homófoba o casposa. De manera inteligente, todo esto se oculta bajo el lema de “busca la fe en ti mismo”. ¿Resultado? Ateos y creyentes contentos a la salida de la proyección de la cinta.

Algo por lo que sí debemos dar gracias a “La Llamada” es el traer de vuelta el género musical al cine español, aunque algunos de sus número sean sonrojantes. “Estoy Alegre” funciona a nivel de performance, pero no en el ámbito musical. “Step By Step”, canción de Whitney Houston, resulta bochornosa a nivel de dicción o vocal. Si no sabes torear, no te metas. Cerrar con un número que parece cantado por cuatro chicas de 2º ESO que han estudiado inglés en un instituto público de Andalucía no era la opción más idónea. Sin embargo, algo en lo que sí han acertado es en las adapataciones male-version de los clásicos de Whitney, aunque la elección de temas fuese más propia de un casting de “The X Factor” que de un largometraje. Faltaban “If I Ain’t Got You”, “Hero” y abrir un televoto para saber a qué wannabe queríamos expulsar en la correspondiente gala.

En cuanto a dirección, bastante correcto. Aunque pocas veces cumpla una función narrativa, hay momentos en los brilla con luz propia. También debemos tener en cuenta que esta película va dirigida a un público joven y poco exigente, tal y como hemos  podido ver en el desempeño de su promoción. Mientras que las ciudades colgaban carteles de la excelente “madre!” en todas las esquinas, “La Llamada” inundaban las redes sociales a través de tweets, concursos y apariciones en programas como “Yu, No Te Pierdas Nada” de Los 40 Principales. Aunque su bajo presupuesto también haya sido decisivo para no optar por una promoción convencional debido a que su distribuidora no forma parte del club de las grandes del país (como sí lo era “madre!” con Paramount Spain), “La Llamada” ha aprovechado que es en Internet donde se encuentra el público que verdaderamente se mostraba ansioso por visionar la cinta. Para más inri, la youtuber Soy Una Pringada tiene un cameo hilarante en la película.

“La Llamada” complacerá a sus queridos llamaders, aunque también a un público que no ha consumido de manera previa la obra de teatro. El público adulto la disfrutará, pero ese drama teenager hará que no se disfruten de este fenómeno en su plenitud. “La Llamada” no es un milagro, pero sí es un excelente pasatiempo que, con sus similitudes almodovarianas, dejará un sabor de boca inmejorable.

Nota: 7,5 / 10

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