Crítica: La Forma del Agua

Shape_of_waterGuillermo del Toro está de enhorabuena. A pesar de partir con 13 nominaciones para los premios Oscars, su victoria estaba en duda por muchos (entre los cuales me incluyo). Sin embargo, el pasado domingo el director mejicano daba el campanazo cerrando la noche del cine con cuatro estatuillas bajo el brazo, entre ellas las dos categorías más importantes: mejor dirección y mejor película. Indiscutiblemente, la gran ganadora de la noche. ¿Pero es “La Forma del Agua” una película merecedora del galardón más importante? Lo discutimos en las siguientes líneas.

La premisa de la que parte “La Forma del Agua” no podría ser más extravagante: una chica muda se enamora de un hombre anfibio. Su sinopsis no deja a nadie indiferente y eso es innegable. A pesar de eso, lo último de Guillermo del Toro es mucho más que una relación incomprendida: “La Forma del Agua” es un canto a la libertad y una oda al cine fantástica pero que, lamentablemente, no brilla tanto como debería. Ni su asombrosa fotografía, ni su diseño de producción, ni sus brillantes interpretaciones y ni siquiera su melosa banda sonora son capaces de cubrir la enorme mella que crea el guión en el resultado final de esta cinta. Lo que debería haber sido la experiencia cinematográfica del año queda relegado a un film tradicional y clásico que nada aporta a un panorama cinematográfico cargado de grandes historias por contar.

“La Forma del Agua” atrapa desde un primer momento debido a su sobriedad. La presentación cruda de todos sus personajes introduce al espectador de lleno en el metraje desde su primera escena, quedando encandilado debido a todo lo que del Toro nos muestra por pantalla. Sus luces, sus astutos movimientos de cámara y el haber hecho de la banda sonora un personaje más de la cinta son decisiones que aplaudimos hasta que nos sangren las manos. Cada uno de los escenarios creados y todo lo que representa para sus acciones son tan solo alardes por parte del propio director que lo coronan como, posiblemente, el mejor cineasta del año. Pero cuando nos sumergimos (sic.) en una cinta de más de dos horas, no podemos descuidar ni un solo segundo su guión. Y este es, amigos, el mayor error que comete la mejor película del año para los académicos.

Lo que comienza como una cinta íntima acaba desembocando en una película de aventuras a medio gas. No importa la desnudez con la cual se presente al personaje de Sally Hawkins (tanto metafórica como literalmente) cuando, una hora más tarde, el espectador se siente obligado a adentrarse en una carrera de coches y persecuciones. “La Forma del Agua” funciona cuando es pequeña y delicada, cuando es romántica e incluso algo boba. Cuando juega a ser palomitera, la atmósfera se rompe por completo.

Da rabia escribir frases como la anterior, sobre todo cuando, de no haber sacrificado “La Forma del Agua” a favor de lo comercial, tendríamos el filme más brillante de Guillermo del Toro en toda su carrera como director. Partir de la idea de una protagonista muda no podría resultar más apetecible. Lo que podría haber sido todo un caos se convierte en una delicia gracias a la labor que realiza el mejicano detrás de las cámaras (por mucho que chirríen esos innecesarios subtítulos en su primera escena). Además, el acompañamiento que proporciona el monstruo acuático al personaje femenino no hace más que engrandecer a una Sally Hawking que emociona sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Por otro lado encontramos a Richard Jenkins, quien aporta una realidad necesaria a este mundo de fantasía a través de su personaje y su relación con el mundo que lo rodea. Además, Octavia Spencer haciendo de Octavia Spencer.

¿Y por qué hablábamos de “La Forma del Agua” como una oda al cine? Pues por su personaje protagonista. La interpretación de la actriz bebe claramente del cine de principios del siglo pasado, apurando al máximo el límite existente entre la sobreactuación y el exceso innecesario. La teatralidad que caracterizaba las interpretaciones en filmes musicales como “Cantando Bajo La Lluvia” están presentes en la cinta, evidenciándolo descaradamente con un cine a unos metros del piso donde ocurren muchas de las escenas más relevantes de la historia. Es inevitable que el espectador más cinéfilo no saque una pequeña sonrisa con elementos como este. Y, si con esto no tenías suficiente, también tiene presencia un momento musical de enorme carácter narrativo en el clímax de la protagonista.

Técnicamente, “La Forma del Agua” podría ser considerada una película perfecta. A pesar de lo costoso que supone trabajar con agua en el cine (y más aún cuando pocos litros de realidad han sido usados), el resultado es sobresaliente. Cada fotograma está milimétricamente estudiado y cada movimiento de cámara ha sido perfectamente ensayado. Un caramelo audio-visual en toda regla.

Una pena que la fábula de Guillermo del Toro quede ensombrecida por ciertos errores de guión. ¿Es disfrutable? Por supuesto. Pero quizás su premio a mejor película no sea merecido en un año tan sumamente discutido como este. Solo nos queda saber cómo perdurará con el paso de los años. Buena suerte.

Nota: 7,2 / 10

 

Anuncios

One Reply to “Crítica: La Forma del Agua”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s