Crítica: La Librería

null¿En qué punto de su carrera se encuentra Isabel Coixet? Esta es la primera pregunta que arrebata nuestras cabezas tras el visionado de “La Librería”, una adaptación cinematográfica de la novela de Penelope Fitzgerald que supone un ejercicio fantástico para descubrir las 1001 posiciones en las que te puedes sentar en una butaca de cine. Pero, ¿debemos considerar la cinta en cuestión como un leve traspiés o como el momento idóneo para profesionalizar a Coixet como personaje mediático y no como directora de cine?

“La Librería” es una película de corte dramático ubicada en Inglaterra a finales de los años 50. La cinta en cuestión, totalmente narrada porque para qué hacer uso de otros elementos cinematográficos, cuenta la historia de cómo una mujer deberá luchar para conseguir montar una librería en un pueblo de pocos lectores, con todas las adversidades que esto conlleva. El primer choque lo encontramos con su guión de claro aura for-the-Oscars repitiendo elementos de otras cintas como “Brooklyn“. Sus líneas excesivamente rectas provocan una monotonía que se hace notar durante los 115 minutos de metraje. Personajes que parecen no avanzar, situaciones que no parecen llevar a ningún lado y conversaciones completamente prescindibles caracterizadas por un positivismo que nos hace chirriar los dientes. Querida Coixet, ya tenemos suficiente con las palomitas de caramelo.

Por suerte, sí hay elementos bien seleccionados. El equipo interpretativo está liderado por Emily Mortimer, Bill Nighy y Patricia Clarkson. Mortimer evita ser ubicada como una  “Amélie meets Bella“, lo cual nos aporta un rayo de luz. Nighy cumple con lo prometido, dando sensatez en la relación actor-personaje. Sin embargo, es Patricia Clarkson, quien ya había colaborado previamente con la directora en “Elegy”, la que se mete al público en el bolsillo, a pesar de los pocos minutos que tiene en pantalla.

Pero si hay algo que lamentar en esta cinta es el poco brillo en cuanto a dirección que “La Librería” desprende. Isabel Coixet lleva treinta años en el cine y decide usar un narrador para contar una historia, dos tiros de cámara medianamente interesantes y un plano simétrico que no aporta nada nuevo a lo contado. “La Librería” peca de parecer una ópera prima y no poseer la consistencia que buscábamos tras años y años en la profesión. Y si además su guión solo es aptos para mujeres de cincuenta años que se reúnen semanalmente para hablar sobre el último libro adquirido a través del Círculo de Lectores mientras toman su infusión habitual, pues Isabel queda en una posición mucho peor.

“La Librería” acaba resultando una cinta facilmente destructible y un ineficaz wannabe del cine dramático hecho por y para los Oscars. La historia de “¿qué hubiese pasado si Bella no hubiese conocido a Bestia?” no convence, y mucho menos si no hay números musicales de por medio. Considerémoslo sólo un traspiés de Coixet.

Nota: 4 / 10

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