Crónica: Mad Cool 2022 – Larga vida al pop femenino internacional

Mad Cool Festival cierra su edición de 2022 habiendo dado espacio tanto a los heterosexuales como a los homosexuales. Y aunque el espacio para el segundo grupo haya sido mucho más reducido y con una cobertura inferior, su cartel de mujeres del pop demostraba estar muy por encima del resto de festivales celebrados en este país. La filósofa sueca Zara Larsson dijo una vez: “man hating and feminism is two different things. I support both” y, por esa misma razón, en esta crónica no encontrarás nada de Imagine Dragons, The Killers o Metallica. Ellos ya han tenido todos los titulares y ellas, a pesar de la excelencia que han servido en cada uno de estos conciertos, han sido víctimas de una contraprogramación sumamente violenta. Porque ninguna de ellas es mediáticamente tan importante como Beyoncé o Lady Gaga. Habría que analizar quién ganaría en esa batalla.

Así hemos vivido el festival más importante de la capital.

Miércoles 6 de julio

Tras darnos una vuelta por el recinto y ver las diferentes activaciones de los patrocinadores, llegamos al escenario principal para ver a YUNGBLUD. No conocíamos demasiado de este artista y, para nuestra sorpresa, descubrimos que se trataba de un cantante de pop-punk que melódicamente tira por lo primero y estéticamente por lo segundo. Sus temas funcionaban entre su base de fans y también entre aquellos que aprovechamos los festivales para descubrir nuevos artistas. Hubo espacio para rescatar “I Think I’m OKAY” (canción del chico que se bebe la sangre de Megan Fox en la YUNGBLUD ejerce de featuring) y descubrir que vocalmente el cantante inglés se defiende con bastante soltura. Su principal problema es que, aunque su show pegue más entrada la noche -sobre todo cuando su estética es tan oscura-, su popularidad en España no es aún suficiente como para poder otorgarle un tramo más tardío en un festival repleto de estrellas. Aunque esto no es nada que no se pueda arreglar de aquí a unos años.

Corremos para aprendernos el mapa del festival como la palma de nuestra mano y curioseamos levemente qué se cuece en los conciertos de PLACEBO y Alfie Templeman, ganando este segundo. Buen directo, buena presencia y un escenario acorde a su tipo de show, más cercano a la sala que al arena. El objetivo principal para un artista tan joven como él es captar nuevos seguidores y, sin lugar a dudas, es de esos nombres han quedado grabados en nuestras cabezas para estar pendientes a sus nuevos lanzamientos.

Saltándonos el final del concierto -debido al solapamiento que existe en todos los festivales por motivos lógicos-, corremos hacia el escenario que sería nuestra casa durante todo el festival: Stage 3: Region of Madrid, algo así como ese espacio seguro en el patio del colegio donde nadie juega al fútbol. La creadora de la Biblia del pop estaba lista para ofrecer lo mejor de su discografía: Carly Rae Jepsen estaba dispuesta a demostrar que ella no es una one-hit wonder y que es capaz de crear temas excelentes como churros. Así fue, sorprendiendo con una elección de setlist que recuperaba lo mejor de “E·MO·TION” y “Dedicated”. No sería el concierto más multitudinario del día -su franja horaria coincidía con Metallica-, pero sí aquel en el que los asistentes fueron más felices. Hubo tiempo para bailar y cantar “Run Away With Me”, “Julien”, “Too Much”, “Gimmie Love” o “Boy Problems”. El concierto tocó techo de manera obvia con “Call Me Maybe” porque por algo es considerada la canción pop perfecta, aunque, chica lista, el tema no se encargó de cerrar el show. Tras ella sonó la excelente “Get Lost” (un chico en el público llevaba un cartel en el que ponía “Carly, let’s get lost!!!”) y “Cut To The Feeling”, cuya épica la convertía en la canción perfecta para cerrar este concierto. Y es que, aunque todo se sintiese un poco vacío y el sonido tuviese aún un margen de mejora, resultaba imposible no salir del show con una sonrisa de oreja a oreja. 

Carly podría hacer “Nothing Else Matters”, pero Metallica jamás podría hacer “Cut To The Feeling”. 

De camino al segundo escenario en el que tendría lugar el show de Twenty One Pilots, hablábamos con unos amigos sobre lo guay que era el cover de Zara Larsson de “Lay All Your Love On Me”. Justo en ese momento, sonaba “Waterloo” de fondo y, como cualquier persona con un mínimo gusto musical, nos dirigimos hacia esa carpa como si las canciones de ABBA fuesen el canto de una sirena. Se trata de una carpa de Vibra Mahou con DJs sorpresas que resultaban una opción perfecta para aquellos momentos en el que alguien quisiese bailar sin tener que prestar demasiada atención. Había espacio para Aqua, Michael Jackson o Nena Daconte, todos cortes propios de entre los 80 y los 00. Levantar la vista hacia el DJ y descubrir que era Mario Vaquerizo es lo más aleatorio que nos ha ocurrido en estos cinco días.

Era el turno de Twenty One Pilots que, por desgracia, se lleva el premio a lo peor del festival. El concierto estaba avanzado y, desgraciadamente, llegamos en el momento “Pitch Perfect 2 – Straight Version”: unos chicos sentados junto a una hoguera cantando covers algo insulsas durante la friolera de 20 minutos. A no ser que seas Kelly Clarkson o Miley Cyrus, está terminantemente prohibido dedicar más de 5 minutos de un show a versionar canciones, más aún cuando Twenty One Pilots acarrean con una carrera de más de 10 años (“Car Radio” era famosa en Tumblr) y posee una retahíla de hits bastante notable. “¿Por qué vuelvo a confiar en un hombre?”, se oye decir a un chico mientras corría desde Twenty One Pilots a CHVRCHES. Y sí: ese chico era yo.

¿Dónde era CHVRCHES? En el Stage 3, al cual a partir de ahora llamaremos Home Sweet Home. Aquí teníamos todo lo que necesitábamos: a una chica dispuesta a servir un show excelente, con una cantidad de bops irresistibles, que no le temblaba el pulso cuando se tenía que llenar de sangre los brazos para que visualmente todos los asistentes nos quedásemos boquiabiertos. Y es que CHVRCHES fue una de las grandes sorpresas de la noche, capaz de trasladarnos de lleno a 2013 (porque el sentimiento de nostalgia por ese año está más vivo que nunca) y porque, de haber tenido una franja horaria beneficiosa, habría dejado atónito hasta al más fan de Metallica.

Jueves 7 de julio

Indudablemente, nuestro día favorito del festival. En primer lugar, porque no existía riesgo: todo los conciertos ocurrían en Home Sweet Home. En segundo lugar, porque veríamos por primera vez a tres artistas con las que hemos estado obsesionados en los últimos años: Sigrid, St. Vincent y Tove Lo. La contraprogramación, una vez más, jugaba en su contra, siendo Imagine Dragons y The Killers los conciertos que ocurrían de manera paralela con las dos primeras artistas.

Sigrid debió pasar antes de llegar al recinto de Mad Cool por algún Lefties de Gran Vía, porque no entendimos bien que fuese con una camiseta de tirantes blanca básica, un vaquero y unas zapatillas Adidas negras. Por lo demás, todo en orden. El registro en el que están interpretadas sus canciones es muy alto y temíamos que fuese a hacer un falseto en muchas de las ocasiones. Pero no fue así. La cantante noruega no perdió el control de su voz en ningún momento, a pesar de que “Strangers”, “Don’t Feel Like Crying” o “Mirror” sean temas bastante complejos de interpretar (aunque parezcan bastante simples). Sigrid es algo así como esa amiga que quiere ser cantante y un día ves cómo su sueño se hace realidad. Es una figura cargada de inocencia, probablemente lo más adorable que verás en tu vida. La elección de temas, otro gran acierto, rescatando casi todos los temas más coreables de sus dos álbumes de estudio (y decimos casi todos porque echamos en falta “Mine Righ Now”). Hubo espacio para los momentos más disfrutables de su último álbum como “A Driver Saved My Night”, una oda a las canciones que te levantan el ánimo irresistible, así como también a aquellos temas más drama adolescente como “Bad Life”.

Seguidamente, turno de St. Vincent, que contaba con un público mucho más adulto. No hay mujer con más tablas que la cantante estadounidense ofreciendo quizás el show más completo que hemos visto a lo largo de estos cinco días. Si bien es cierto que “Daddy’s Home” no fue santo de nuestra devoción, estamos ansiosos por volver a nuestra normalidad (superar la resaca emocional de un festival así como también recuperar nuestros horarios de sueño) para volver a darle una oportunidad. St. Vincent tenía el control de absolutamente todo lo que ocurría en el escenario y alrededor de él, coqueteando con tres coristas que eran puro fuego -e interactuaban constantemente con la cantante o con los músicos paseándose por todo el stage-. Nuestros momentos favoritos del show estaban estrictamente vinculados a “MASSEDUCTION”, del cual se rescataron temas como “Los Ageless” o la preciosa “New York”, cantada desde dentro de la pista, rodeada por su público y en la cual era imposible no concebir a St. Vincent como una especie de Mesías. Todo esto mientras ella misma ondeaba una bandera LGBTI que había tomado prestada de alguien del público (momento spam: tenéis el vídeo subido en nuestra cuenta de Instagram).

Y el broche final de la noche lo ponía el terremoto sueco que es Tove Lo. No nos importa que nos juzguen de favoritistas, pero ella es nuestra persona favorita de este continente. Tove Lo cuenta con una discografía perfecta, una actitud desbordante y un talento inhumano. Su show era imposible que no nos dejase sin aliento y así fue, aunque seguimos pensando que “Bikini Porn” no es la mejor apertura para su show. Hubo tiempo para repasar temas de todos sus álbumes: desde las irresistibles “Talking Body” o “Not On Drugs” con una nueva producción mucho más actualizada, hasta la sensual “Disco Tits”, “Are U Gonna Tell Her?” o “Cool Girl”. Tove Lo es esa persona casi vehemente que necesita del contacto de sus fans y no teme en saltar del escenario y corretear por toda la primera fila coqueteando con todos ellos, saltando y animando a todos los asistentes (nosotros, como prometimos, estábamos con la valla antiavalancha hincada en el pecho porque nos negábamos a tener un solo fan delante). Ver cómo la gente se volvía loca con el unreleased “2 Die 4” fue algo así como rozar el nirvana, como también lo fue recuperar el grandioso tema “Habits” o ese fantástico cierre que supuso “No One Dies From Love”, probablemente su mejor lead single hasta la fecha. Tove Lo no dejó de decayese su show en ningún solo momento, tenía el mejor repertorio de canciones de todos los asistentes del festival y esa actitud algo gamberra que resulta indispensable para hacer que todo el mundo quiera salir de fiesta con ella justo cuando termina el concierto. Una estrella cargada de talento. Porque Suecia puede ser buena haciendo muebles, pero es incluso mejor haciendo estrellas del pop.

Viernes 8 de julio

Como todo día aparentemente más tranquilo en un festival, todo viene con sorpresa. Comenzamos con las hermanas más divertidas del panorama musical actual que, aunque no nos deleitasen con su ya icónica coreografía, supieron ofrecer un show a la altura, altamente interactivo y que demostraban ser un grupo de pop-rock que nada tenía que envidiar al resto del cartel del festival. HAIM saben ofrecer conciertos solventes, haciendo uso de la comedia incluso a modo de nexo entre sus canciones y alternando de manera excelente la presencia de ellas en el escenario para que nunca decaiga el factor sorpresa. No hay un tema -al menos sobre el escenario- igual que el anterior: lo único que se mantenía fijo eran esos enormes chorizos que habían colgado en el escenario. Si bien es cierto que considerábamos a Alana nuestra favorita tras haber protagonizado lo último de Paul Thomas Anderson “Licorice Pizza”, fue Este la que captó toda nuestra atención: era la más dinámica, la más divertida, la más entregada e, indudablemente, la que tiene el alma de rockera más potenciada. Habíamos olvidado por completo lo gran tema que es “Want you Back”, por lo que solo podemos dar las gracias por recordárnoslo.

A Phoebe Bridgers no le salió tan bien la jugada y, aunque fue un show bastante íntimo y cargado de emoción, le pesó tener unos visuales que necesitan de la oscuridad para crear ese aura tan “Punisher” y un repertorio que no es del todo favorecedor para lograr una buena posición horaria. Quizás fueron falta de tablas a la hora de montar el show, pero era una sensación algo extraña. Todos los elementos estaban ahí sobre el escenario: las canciones eran musicalmente amables, la escenografía estaba estudiada, la ambientación llamaba la atención… y aún así nada funcionaba hasta la llegada del último tema: “The End”, que sonaba más Billie Eilish que Phoebe Bridgers. Nos apena pensar que Bridgers no sea más que una artista que suena genial de fondo y en versión estudio, pero no fue capaz de despertar especial interés en directo sobre nosotros.

Turno de , a la cual le ocurre todo lo contrario: sin tener todo el atrezzo de Phoebe, es capaz de hacernos saltar y bailar aunque vocalmente tire en exceso de pregrabados. MØ es buena componiendo ese tipo de canción pop sencilla pero que se pega como un chicle, al igual que le ocurre a Sia o Bonnie McKee. Saben encontrar un buen gancho que sea irresistible e inmediato y explotarlo para que tú, días mas tarde, estés tranquilamente en casa cantando “so don’t let this be our final song” como en aquella escena de “Del Revés”. Eso sí, fue algo triste ver cómo la gente, una vez interpretada “Lean On”, abandonó el escenario. No queremos ni imaginar qué habrá pasado con Tones & I. Aún así, todo muy bien resuelto.

Intentamos hacernos los modernos alternativos fans de la electrónica -no es nuestro género- con Nina Kraviz, pero la jugada no salió especialmente bien. La gente estaba entregadísima con su sesión, pero nosotros lo tratamos como un trabajo social con el cual hacer un estudio de los distintos palos que se pueden tocar en Mad Cool así como también ver qué tipo de personas asistían a esta carpa. El resultado es: mucho guiri.

Elegimos Muse por encima de Parcels. El escenario principal estaba completamente masificado, con un público que se notaba que había considerado la jornada del viernes como “el día de Muse”. Que son buenísimos es algo innegable, pero pasadas un par de canciones, decidimos dar media vuelta y disfrutar de las pegadizas producciones de Parcels. Porque no hay mejor agradecimiento por ese “somethinggreater” que asistir a su concierto. Y es ese tipo de música que se pega sola, te invade y te hace bailar de un modo sutil aunque los temas duren 15 minutos cada uno. Sin ser nuestra primera opción se convirtieron en uno de nuestros favoritos del festival gracias a lo sticky que son sus melodías y que nosotros, que llevamos el pop por bandera, apreciamos que hayan bandas masculinas que sigan teniendo el pop como primer género aunque después se lo lleven a la psicodelia, lo alternativo o lo que quieran. Consejo de The Rubiew: no os los perdáis si tenéis la oportunidad de verlos.

Sábado 9 de julio

Llegaba el turno de la otra sueca del festival: Zara Larsson. La cantante de “Lush Life” sabe ofrecer el espectáculo pop perfecto: hay vocals sublimes, sus interpretaciones están cargadas de coreografía, los juegos de luces eran perfectos y ella cuenta con una enorme retahíla de éxios que el público podía corear, aventajándose con respecto al resto de intérpretes pop que la acompañaban en el festival. Porque no hay absolutamente nadie que se pueda resistir a la ya mencionada “Lush Life”, “Never Forget You”, “This One’s For You” o “Symphony”, siendo indudablemente la artista de nuestro escenario favorito que contaba con la mejor mano de cartas. Aún así, Larsson no se acomodó y creo momentos icónicos como ese “WOW” (mucho mejor en directo que en su versión de estudio) así como también el cover de “Lay All Your Love On Me” (como buena sueca, ella ha crecido con las canciones de ABBA tal y como ha manifestado en numerosas entrevistas). Zara Larsson sabe cantar, sabe bailar y sabe transmitirlo, habiendo sido toda una sorpresa en el festival a pesar de que su perfil pueda parecer algo más enfocado a su público teenager. Sirvió coño como nadie.

Y de una estrella que entiende el show a la perfección a otra que, además, tiene tablas suficientes como para apoderarse del escenario principal de MadCool. Florence Welch es algo así como la Usain Bolt del pop británico: no hemos visto a una persona correr más en nuestras vidas. Todo ello sin perder la voz en un solo momento y ofreciendo los temas con más épica de todo festival. La única mujer que fue cabeza de cartel del festival (algo en lo que debería trabajar Mad Cool de cara a sus próximas ediciones) ofreció una experiencia religiosa a todos los espectadores gracias a enormes temas como “Hunger”, “My Love”, “Free”, “Dogs Days Are Over”, “What Kind of Man” o nuestra canción favorita “Spectrum”. No hay nota que Florence no pueda alcanzar, da igual si está tranquila frente al pie de micro o recorriendo el escenario de un lado a otro como si fuese una chica guepardo (una muchacheetah). Le recomendamos que use un Apple Watch durante sus conciertos y que, cuando finalice, suba una captura de los kilómetros que ha corrido. Era algo inhumano.

Sin embargo, el status de diva no es algo que vaya mucho con la intérprete de Florence + the Machine, acercándose al público con frecuencia e interactuando con todos ellos, habiendo momentos de abrazos. La mayor diosa que hemos visto en muchísimo tiempo. El concierto llegaba a su fin con “Shake It Out”, canción de la que parece estar un pelín cansada pero que entiende que es el momento favorito de aquellos que no son fieles fans de su discografía, y con “Rabbit Heart (Raise It Up)”, aunque esta decisión no la entendimos bien del todo tras la magia que creó con el tema anterior. Lamentablemente, “You’ve Got The Love” se quedó fuera del setlist. Es cierto que no pegaba mucho con el setlist, pero el factor nostálgico está ahí y a veces se apodera de nosotros. 

Domingo 10 de julio

Último día de festival. Los que llevábamos la pulsera del día anterior lucíamos completamente destrozados pero con ganas de pegar el último empujón y ver con qué nos deleitaba Mad Cool en su última jornada. Comenzamos viendo a Sam Fender en el que fue quizás el día más caluroso de la semana. El cantante de New Castle estaba a punto de derretirse en el escenario principal, pero su público se encontraba ahí apoyándolo en todo momento (es cierto que quizás hubiese agradecido más un chococlack que aquel ramos de flores que le regaló une fan). Las composiciones de Fender son bonitas, muy cucas y disfrutables aunque uno no conozca bien toda su discografía. Aún así, uno no deja de pensar cuántos artistas ofrecen exactamente lo mismo que él que, aunque tenga una línea visual muy característica en sus videoclips (vídeos en cuatro tercios con fotografía preciosa y bien de granulado), no se lleva a cabo del todo sobre el escenario. Se disfruta, pero uno no se atormenta en exceso si tiene que ir al baño en mitad del concierto.

Después llegaba el turno de Nathy Peluso, una fiera escénica que desde hace unos años se ha apoderado del mercado musical patrio. Su show, eso sí, fue algo confuso: tardamos en reconocer “SANA SANA” unos dos minutos de las numerosas variaciones que había en el tema, las intros de temas como “PURO VENENO” se nos hicieron excesivamente largas (siete minutos de Peluso restregándose una rosa por el chocho) y, en ocasiones, vimos esos malos hábitos de la cantante algo forzados y tomando demasiada presencia sobre el escenario (la dicción no es el mayor don de Nathy). Aún así, fue un show bastante bien resuelto y con una enorme sucesión de grandes temas que podía disfrutarse a la perfección. Y es que podemos llegar a entender esos momentos cargados de euforia en temas como su sesión con BZRP (muy bien llevado a cabo en directo mediante una cámara agarrada al micro de mano de la cantante con un filtro verde perfecto), así como también el coqueteo con los distintos filtros de cámara en algunos temas (ella proyectaba su figura en la pantalla trasera frecuentemente, ya sea como si fuese una estrella o con una cámara térmica). Había baile, había una buena performance, pero todo pasado de tuerca. Aún así, su trayectoria es aún tan breve que hay tiempo para encontrar un equilibrio perfecto.

Corremos hacia el escenario de Amazon Music para ver a Tinashe, otra fiera escénica capaz de abrirse de piernas, dar quince volteretas y cantarte la nota más aguda de un piano. Sus composiciones RnB son increíbles, así como también lo son aquellas más cercanas al pop. La destreza con la que la cantante se mueve por el escenario hace que uno se quede completamente embobado. Sus bailarinas están a la altura ofreciendo un show irresistible para aquel que eche de menos a las Destiny’s Child, probablemente todos los que nos encontrábamos en ese recinto. Su público no paraba de gritar cosas como “¡¡¡REINAAA!!!” entre los temas que formaban su setlist, así como también cantaban la gran mayoría de los temas. Pudo no ser el show con más espectadores del domingo pero sí aquel con un público más entregado. Porque Mad Cool ha acertado de lleno trayendo a una artista como Tinashe en su festival, básicamente porque es imposible verla en el país. A saber cuándo será la próxima vez que tendremos la oportunidad de ver un show tan bailable como este.

Completamente destruidos tras cinco días consecutivos saltando, gritando, bailando y cantando, cerramos nuestra primera vez en Mad Cool. La experiencia es intensa pero merecedora, con un cartel que, aunque sus headliners no nos entusiasmasen en exceso, mostraban tener una segunda línea de cartel completamente irresistible y a la altura. Solo nos queda rezar porque ellas tengan el espacio que merece de cara a los próximos festivales. Por lo demás, esperamos poder retransmitir todo lo que ocurra en los próximos años.

Tenéis vídeos y fotos en todas nuestras redes sociales (en TikTok hemos subido hasta resúmenes diarios de los conciertos). Ahora solo podemos despedirnos hasta el año que viene y lidiar con esta resaca post-festival.