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A Cristina con amor:

Escribo en mi habitación, solo en una madrugada que nos brinda una hora más para (des)aprovechar. Llorando desconsoladamente, bajo el shock paralizante de ese último capítulo que nos ha dejado a todas destrozadas. Con el ritmo cardíaco acelerado saboreando la relevancia de esta experiencia catártica. ¿Qué se puede decir de un producto del que ya se ha dicho todo? Cuando escuché por primera vez que se iba a llevar a cabo la creación de una ficción sobre la vida de Cristina Ortiz, La Veneno, no pude evitar mostrar cierto recelo. A priori sonaba como una idea ambiciosa, era tan complicado imaginar la recreación de una vida que fue una auténtica montaña rusa, además… ¿Quién osaría ponerse en sus tacones? Casi un año después de la noticia, Javier Calvo y Javier Ambrossi nos han dejado boquiabiertos, edificando un fenómeno social pionero. “Seguiremos escribiendo historias para que esa gente que esta pérdida se sienta inspirada”, reflejaba Calvo al recoger el Premio Feroz en 2018. Un compromiso que sigue tomando forma en proyectos como este, que continúan destapando esa venda de prejuicios que Cristina ya empezó a quitarnos en el noventa y seis, pero que sobre todo, abraza a nuevas generaciones en medio de un mundo en caos, mientras intentan descubrir quienes son.  

Siempre he sido una persona tímida (aún me siento muy pequeño, y trabajo por cambiarlo), de hecho, tras dejar la casa de mis padres empecé a trabajar en esferas que me exigían sacar un lado extrovertido y social. Una función retroalimentativa, acercándome a gente con la que compartir, esas expresiones culturales que conseguían revolver mi ser. El fenómeno mediático que fue La Veneno, hace que sepas colocarla en el mapa por mucho que seas ajeno al mundo de la prensa rosa o los espectáculos del late night. Para un buenazo como yo, no dejaba de ser alguien atrayente, por más que “mis principios” rechazaran a esa mujer curtida en las calles, y de tremendo cuerpo curvilíneo semidesnudo. Con el paso del tiempo, fui apreciando a esa fiera de increíble verborrea, una revolución en carne y hueso, a la que respetaba por su capacidad para generar un entretenimiento impredecible e irreverente. Mas al madurar adquieres cierta conciencia social, olvidas al personaje, conoces a la persona y quedas profundamente cautivado. 

No veo necesario glorificar a su persona, pero aprecio tanto las casualidades. Una prostituta reconvertida en un referente para el colectivo, que quizás no sea el mejor modelo a seguir, pero en la realidad que exponían sus declaraciones, mostraba la imagen más retrógrada y cruel de nuestro país. Es ahí, cuando descubres que aunque nunca podrás estar en su piel, eres parte de las cicatrices que erigen a esa diosa. Fui luchando contra esas inseguridades típicas que uno tiene al descubrirse frente al mundo, titubeando al reconocer que quizás disfruto cantando La gata bajo la lluvia o Señora, mientras realizo mi rutina diaria. En medio de mis dudas, llegó la noticia de su fallecimiento, pero no titubeé yendo al día siguiente a la Plaza de Chueca, para escuchar el pequeño homenaje que se le intentó hacer, estropeado por aquel diluvio universal. El poso de ese final amargo, fue el empujón que necesité para atreverme a adquirir la biografía. Un paso simple desde ojos ajenos, pero que para mi significó empezar a quererme. Sus memorias son un objeto físico que reflejan quien soy, y quizás hasta ahora no había sentido esa vinculación definitoria, de una forma tan palpable. 

Me desnudo emocionalmente en este texto, para intentar dejar implícito el increíble viaje que ha supuesto esta serie. Creo que la responsabilidad principal recae sobre Valeria Vegas, si hace catorce años no hubiera llamado a aquel timbre, la historia hubiera sido muy diferente para tod@s. Muy probablemente incluso ella no sería la persona que hoy es. Un acto de valentía que desencadenó un inesperado efecto mariposa, que pondría en primera línea, una visón empática hacía las personas transgénero. Este ángel de la guarda, trajo la paz a una mujer que necesitaba una expiación urgente y que tanta gente le había negado durante años. Sin ser consciente de la envergadura de aquella visita, hoy nos encontramos ante una realidad ligeramente más tolerante (si, soy bastante pesimista), pero no se puede negar la riqueza de aquella simple acción. Siendo el nexo unión para propulsar el nacimiento de una ficción protagonizada necesariamente por mujeres, y sobre todo, encabezada por mujeres transexuales (completamente enamorado del retrato que entregan Daniela Santiago, Isabel Torres, Jedet,  Lola Rodríguez…). 

Han tirado completamente la casa por la ventana, para capturar la recreación de la historia. El apabullante trabajo de documentación, les ha llevado desde esa Andalucía profunda de los sesenta (el capítulo 2 es mi favorito), hasta sus vaivenes por las televisiones, recuperando diseños reales de Cristina para contar un relato que el mundo necesitaba escuchar. Hablando con quienes la conocieron, formando ahora parte también de esa familia. Acompañando a cada actriz en su proceso milimetrado de caracterización y transformación física. Con ese particular gusto por una realización creativa de contrastes que impactan en el espectador, llena de homenajes y cameos de amig@s, siempre con necesarios retazos musicales que nos hacen viajar por letras nostálgicas de Yuri, Sabina, Dover, Leiva. O nuevos debutantes sobre los que caer rendido como, Cupido, Sen Senra y Viva Suecia. En una producción que ha dado empleo y voz a un colectivo que según la Organización Internacional del Trabajo, el 85% de las personas transgénero están en paro. 

La Veneno decía, que si se adaptara su vida en un formato audiovisual, sin duda sería un dramón. Cada semana hemos visto como la sabana se nos quedaba pequeña, teniendo el corazón en el puño, en esas episódicas caídas a los infiernos en su cruenta realidad. Claro que todo está ficcionado para lograr un efecto más cinematográfico (inolvidable la escena de lluvia en el Parque del Oeste), pero lo importante es que el mensaje llegue, nos consuma por dentro y consiga construir una sociedad más empática. Es pronto, he comprobado en primera persona el rechazo de mi familia hacía la serie, no han intentado entender ni cinco minutos del mundo de Cristina. Debemos de mirar más allá de lo que conocemos, más allá de la imagen, escuchar a las personas y siempre ser pacientes, pues no pueden negarnos la libertad cuando no hacemos mal a nadie, por ser quienes somos. Ser diferentes es lo que nos define, que el mundo sigue girando. 

Fotografía de: Rubén Vallejo, para la revista Shangay

Al intentar desgranar mis vivencias personales, pretendo que cualquiera pueda comprender la importancia de esta artista desvergonzada que se ha quedado grabada en nuestras retinas. Sé que esta noche la cierro solo y no puedo compartir con nadie mis emociones, pero confío en que esta experiencia sea otra gratificante pieza en el camino, que me ayude a encontrar mi sitio. Hay una familia fuera esperándome (y esperándote). Estamos en el camino indicado para hacer justicia y dignificar el silencio de las personas trans, o incluso de cualquier persona que se vea afectada por una perspectiva de violencia en su vida. El cariño que infunde este proyecto te invita a elevar las alas y crecer con optimismo, empieza un nuevo capítulo. A Cristina con amor, a todas y todos los que nos vemos reflejados en ella.

 PD: Por favor, si esto llega a alguien con poder, es imprescindible editar la serie en formato doméstico.

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